Diálogo Bíblico | Jueves 27 de julio 2017 | Redimidos de la maldición | Escuela Sabática

Jueves 27 de julio
REDIMIDOS DE LA MALDICIÓN
Los oponentes de Pablo sin duda quedaron estupefactos por sus palabras de Gálatas 3:10. Ciertamente, no consideraban que se encontraban bajo una maldición; de hecho, esperaban ser bendecidos por su obediencia. Sin embargo, Pablo no deja lugar a dudas: “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas”.
Pablo está contrastando dos alternativas completamente diferentes: salvación por la fe y salvación por obras. Las bendiciones y las maldiciones del Pacto, presentadas en Deuteronomio 27 y 28, eran sencillas. Aquellos que obedecían eran benditos, aquellos que desobedecían eran malditos. Eso significa que, si una persona desea depender de la obediencia a la Ley para ser acepto ante Dios, entonces debe guardar toda la Ley. No tenemos la libertad de seleccionar y elegir lo que deseamos obedecer; tampoco deberíamos suponer que Dios está dispuesto a pasar por alto algunos errores de tanto en tanto. Es todo o nada.
Por supuesto, estas no son buenas nuevas, no solo para los gentiles sino también para los oponentes legalistas de Pablo, porque “todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Rom. 3:23). No importa cuánto intentemos ser buenos, la Ley solamente puede condenarnos como sus transgresores.
¿De qué manera Cristo nos libró de la maldición de la Ley? Ver Gálatas 3:13; 2 Corintios 5:21.
Pablo introduce otra metáfora para explicar lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo. La palabra redimir significa “comprar nuevamente”. Se usaba para referirse al pago del rescate para liberar rehenes o el precio pagado para liberar a un esclavo. Debido a que la paga del pecado es la muerte, la maldición por no guardar la ley a menudo era una sentencia de muerte. El rescate pagado por nuestra salvación no fue insignificante; a Dios le costó la vida de su propio Hijo (Juan 3:16). Jesús nos rescató de la maldición al cargar con nuestros pecados (1 Cor. 6:20; 7:23). Tomó voluntariamente nuestra maldición sobre sí mismo y sufrió en nuestro favor la penalidad completa del pecado (2 Cor. 5:21).
Pablo cita Deuteronomio 21:23 como prueba bíblica. Según la costumbre judía, una persona se hallaba bajo la maldición de Dios si, luego de ser ejecutada, el cuerpo era colgado de un árbol. La muerte de Jesús en la Cruz se consideraba un ejemplo de esta maldición (Hech. 5:30; 1 Ped. 2:24).
No es de extrañar, entonces, que la Cruz haya sido una piedra de tropiezo para algunos judíos que no podían concebir la idea de que el Mesías fuera maldito ante Dios. Pero este era exactamente el plan de Dios. Sí, el Mesías cargó con una maldición, pero no era su propia maldición, ¡era la nuestra!
Escuela Sabática | Lección 5 | Para el 29 de julio de 2017 | La fe en el Antiguo Testamento | El Evangelio en Gálatas | Tercer trimestre 2017 | Guía de Estudio de la Biblia – Maestros – Alumnos | Iglesia Adventista del Séptimo Día

(102)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*