Diálogo Bíblico | Lunes 1 de agosto 2016 | Perdido y hallado | Escuela Sabática
Lunes 1º de agosto
PERDIDO Y HALLADO
Jesús contó tres parábolas, según Lucas 15, en respuesta directa a la acusación de los fariseos y los maestros de la Ley, de que Jesús “a los pecadores recibe, y con ellos come” (Luc. 15:2).
Lee los siguientes pasajes y nota la respuesta de Jesús a estas acusaciones.
Luc. 15:3-7
Luc. 15:8-10
Luc. 15:11-24
Cada parábola comienza con algo perdido y termina con una celebración, una expresión del amor de Dios por nosotros y su profundo interés en nuestra salvación.
Un pastor visitó a una persona interesada, y descubrió que toda la familia deseaba estudiar la Biblia excepto uno de ellos. La madre, el padre y la hija menor habían aceptado a Cristo, y estaban ansiosos de recibir al pastor en forma regular.
El hijo mayor se había rebelado contra el cristianismo. Cada tarde, cuando el pastor los visitaba, el joven salía de la sala y no participaba en la serie de estudios.
Después de seis semanas, el joven pastor comenzó a desafiar a los tres a considerar el bautismo. Cada uno de ellos quería esperar un tiempo antes de decidirse.
Inesperadamente, el joven entró en la sala donde estudiaban y anunció que él quería ser bautizado tan pronto como el pastor sintiera que estaba preparado.
Había estado en su habitación siguiendo en una Biblia usada que él había comprado después de la primera lección, y durante ese tiempo había crecido en él la convicción de que necesitaba hacer una confesión pública de su fe. Dos semanas más tarde, el joven fue bautizado y, un mes después, la familia entera también dio el paso. Considerando las parábolas, podemos imaginarnos que había gozo en el cielo por las decisiones de esta familia.
Jesús se puso intencionalmente en contacto con personas como la samaritana junto al pozo, el centurión romano, la mujer “pecadora” que derramó sobre él el valor de un año de salario de perfume e innumerables personas “indignas” de aquellos que se consideraban demasiado santos para estar junto a ellas.
¿Has evitado alguna vez testificar a una persona que no hubiera cabido bien en tu iglesia? ¿Qué sería necesario para que tu iglesia y tú encontraran gracia suficiente para abrazar a esos “pecadores”?

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