Diálogo Bíblico | Lunes 27 de marzo 2017 | Confesar al Cristo | Escuela Sabática


Lunes 27 de marzo
CONFESAR AL CRISTO
Uno de los momentos más importantes en la historia de Jesús ocurrió en un diálogo con Pedro. Jesús acababa de lidiar con algunos de los escribas y los fariseos, que lo habían estado desafiando para que les diera una señal, algo que probara quién era él (ver Mat. 16:1-4). Entonces, más tarde, a solas con los discípulos, Jesús habló acerca de los dos milagros que había realizado, en los que alimentó a miles de personas con solamente unos pocos panes y peces. Hizo todo esto en el contexto de advertir a los discípulos acerca de la “levadura de los fariseos y de los saduceos” (Mat. 16:11).
Lee Mateo 16:13 al 17. ¿Qué está sucediendo aquí? ¿Cuál es la importancia de las palabras de Pedro a Jesús?
Pedro aquí habló audazmente de su fe en Jesús. Y, a partir de Mateo 16:20, nos queda claro que su confesión de Cristo como el Mesías también era compartida por los demás discípulos. Este fue un momento decisivo en el ministerio de Jesús, aun cuando los discípulos, incluyendo a Pedro, tenían mucho que aprender.
“Los discípulos seguían esperando que Cristo reinara como un príncipe temporal.
Creían que, si bien les había ocultado durante tanto tiempo su designio, no permanecería siempre en la pobreza y la oscuridad; debía estar cerca el tiempo para establecer su Reino. Los discípulos nunca se detuvieron a pensar que los sacerdotes y los rabinos no iban a cejar en su odio, que Cristo sería rechazado por su propia nación, condenado como impostor y crucificado como malhechor” (DTG 383).
Tan pronto como los discípulos reconocieron a Jesús como el Mesías, Jesús comenzó a enseñar que debía sufrir y morir (ver Mat. 16:21-23), un concepto que Pedro no podía aceptar. Pedro quedó tan indignado que “reconvino” a Jesús. Jesús, entonces, se volvió hacia Pedro y le dijo: “¡Quítate de delante de mí, Satanás!” (Mat. 16:23). Esta es una de las cosas más duras que Jesús haya dicho a cualquier persona durante su ministerio; sin embargo, lo hizo por el bien de Pedro mismo. Las palabras de Pedro reflejan sus propios deseos, su propia actitud egoísta acerca de lo que deseaba. Jesús tuvo que detenerlo en seco, en ese mismo instante y lugar; y aunque Jesús en realidad estaba dirigiéndose a Satanás, Pedro captó el mensaje: necesitaba aprender que servir al Señor involucraba sufrimiento. Y en sus escritos posteriores queda claro que aprendió esta lección (ver 1 Ped. 4:12).
¿Cuán a menudo tus deseos personales colisionan con lo que sabes que Dios desea que hagas? ¿Cómo decides qué hacer en esas situaciones?
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