Martes 31 de diciembre
PROCLAMACIÓN PÚBLICA
Jesús atraía a la gente hacia sí en diversos ambientes, incluyendo ocasiones públicas. Las Escrituras ocupaban un lugar prominente en las proclamaciones públicas de Cristo. Citas directas y alusiones bíblicas llenaban sus sermones y sus discursos públicos.
Lee Mateo 5:17 al 39. ¿De qué maneras nos muestran estos versículos el modo en que Cristo usaba las Escrituras en su ministerio público?
Durante la peregrinación de Jesús sobre la Tierra, la relación de los israelitas comunes con las Escrituras era, en apariencia sumamente legalista. Miraban las Escrituras buscando reglas y orientación ética. Consideraban que con una conducta correcta se pagaba la felicidad eterna. Sin embargo, Jesús trastornó sus conceptos legalistas y sustituyó un sistema de controles externos por una religión basada en el corazón.
La religión centrada en Cristo se arraiga en una transformación del corazón que conduce a una conducta ética. Irónicamente, algunos de los fariseos habían pasado de largo una relación viva con Dios en su afán por alcanzar la perfección moral. Jesús identificó estas fallas y, como curación de ellas, invitó a sus oyentes a aceptarlo como su Salvador y Maestro. Con Jesús como la fuerza controladora interna, las normas de conducta no disminuyen, sino que se elevan. Todo lo que uno tiene que hacer es leer el Sermón del Monte para ver cuán altas son sus normas morales.
“Estas palabras resonaron en los oídos de la muchedumbre como algo desconocido y nuevo. Tal enseñanza era opuesta a cuanto habían oído del sacerdote o el rabino. En ella no podían notar nada que alentase el orgullo ni estimulase sus esperanzas ambiciosas, pero este nuevo Maestro poseía un poder que los dejaba atónitos. La dulzura del amor divino brotaba de su misma presencia como la fragancia de una flor. […] Todos comprendían que estaban frente a Uno que leía los secretos del alma, aunque se acercaba a ellos con tierna compasión” (DMJ 11).
Ser legalista, crítico y condenatorio es más fácil de lo que pensamos, ¿verdad? ¿Cómo podemos protegernos de caer en estas prácticas comunes?

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