Diálogo Bíblico | Martes 31 de octubre 2017 | La Promesa | Escuela Sabática

Martes 31 de octubre
LA PROMESA
Un día como hoy, hace quinientos años, Martín Lutero clavó sus 95 tesis en la puerta de la iglesia de Todos los Santos de Wittenberg. Qué fascinante es que el tema de hoy también llegue al corazón de la salvación por la fe.
En Romanos 4:13, se contrastan la “promesa” y la “Ley”. Pablo intenta establecer un contexto veterotestamentario para su doctrina de la justificación por la fe. Halla un ejemplo en Abraham, a quien todos los judíos aceptaban como su antepasado. La aceptación, o justificación, le había llegado a Abraham totalmente aparte de la Ley. Dios le prometió a Abraham que él iba a ser “heredero del mundo”, y él creyó en esta promesa; es decir, aceptó la responsabilidad que implicaba. Como resultado, Dios lo aceptó y obró a través de él para salvar al mundo. Este sigue siendo un poderoso ejemplo de cómo funcionaba la gracia en el Antiguo Testamento, e indudablemente por eso lo usó Pablo.
Lee Romanos 4:14 al 17. ¿De qué modo Pablo sigue mostrando que la salvación por la fe era esencial en el Antiguo Testamento? (Ver, además, Gál. 3:7-9.)
Como se dijo al principio, es importante recordar a quiénes les está escribiendo Pablo. Estos creyentes judíos estaban inmersos en la Ley del Antiguo Testamento, y muchos habían llegado a creer que su salvación dependía de lo bien que guardaban la Ley, aunque eso no era lo que enseñaba el Antiguo Testamento.
Para tratar de remediar esta idea errónea, Pablo argumenta que Abraham recibió las promesas incluso antes de la Ley del Sinaí, no por las obras de la Ley (algo que habría sido difícil, ya que la Ley [toda la Torá y el sistema ceremonial], no existía todavía) sino por la fe.
Aun si Pablo se refiriera aquí a la Ley Moral exclusivamente, que en principio existía incluso antes del Sinaí, el planteamiento sigue siendo el mismo. ¡Tal vez aún más! El hecho de tratar de recibir las promesas de Dios a través de la Ley, dice el apóstol, anula la fe y hasta la inutiliza. Estas son palabras fuertes, pero lo que quiere destacar es que la fe salva y que la Ley condena. Está tratando de mostrar la futilidad de procurar la salvación a través de lo mismo que lleva a la condenación. Todos nosotros, judíos y gentiles, hemos violado la Ley y, por lo tanto, todos necesitamos lo mismo que Abraham: la justicia salvífica de Jesús que se nos atribuye mediante la fe. Esta verdad finalmente llevó a la Reforma Protestante.

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