Martes 4 de marzo
“QUISIÉRAMOS VER A JESÚS”
Lee Juan 12:20 al 32. ¿Cómo se revela aquí la universalidad del mensaje del evangelio?
Jerusalén está saturada de rumores. La entrada triunfal de Cristo acababa de suceder. No obstante, los “Hosannas” fueron rápidamente reemplazados por preguntas. ¿Qué sucedería ahora? ¿Sería Jesús coronado rey?
En la muchedumbre reunida para la Pascua, había adoradores griegos. Nota sus palabras a Felipe: “Señor, quisiéramos ver a Jesús”. En otras palabras, ellos querían estar con Jesús. Querían aprender de él. ¡Qué testimonio del carácter universal de Cristo y su mensaje! Pero, también, qué triste es que aquellos que tendrían que haber dicho lo mismo eran los que querían librarse de él.
Los griegos probablemente se acercaron a Felipe porque, de todos los discípulos, solo él tenía un nombre griego. Viniendo de Betsaida, un centro de pesca comercial –y por ello, un crisol cultural–, tal vez también hablaba su idioma. El texto sugiere que Jesús no estaba presente en las cercanías. Tal vez él adoraba cerca, en los lugares reservados para los judíos.
Sin embargo, uniéndose a sus discípulos y a los entrevistadores dentro del atrio exterior, Jesús les otorgó su deseo a estos hombres. Nota lo que les dijo: “Si alguno” –indicando hombres, mujeres, judíos y griegos– “me sirviere”, puede hacerlo, pero con un cierto costo.
¿Cuál sería el precio? ¿Cómo entendemos lo que esto significa? Ver Juan 12:25.
Luego, con estos extranjeros todavía presentes, el Cielo tronó un mensaje de confirmación de juicio y victoria. Esa voz que se oyó, dijo Jesús, no había venido por su causa, sino por ellos, judíos y griegos, para que su fe se fortaleciera. Las palabras de Cristo afirmaron de inmediato que su muerte había de ser para todo el mundo.

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