Diálogo Bíblico | Martes 5 de junio 2018 | Una cuestión de adoración | Escuela Sabática

Martes 5 de junio
UNA CUESTIÓN DE ADORACIÓN
A lo largo de la historia sagrada, el Señor tuvo que lidiar constantemente con los que caían en la idolatría y otras formas de adoración falsa (ver Mat. 4:8-10). En la crisis final descrita en Apocalipsis 13, volverá a surgir el tema de la adoración. Aquí, también, el pueblo de Dios tendrá que decidir a quién adorará y servirá (ver Jos. 24:15).
En la lección 2, titulada “Daniel y el tiempo del fin”, estudiamos la historia de tres muchachos hebreos a quienes se les ordenó “adorar la estatua de oro” (Dan 3:5). Vimos también que Apocalipsis 13 utiliza el lenguaje de ese capítulo para representar la persecución que el pueblo de Dios enfrentará en los últimos tiempos. Es decir, lo que sucedió en Daniel 3 puede ser visto como un precursor de lo que sucederá en los últimos días, según se muestra en el contexto inmediato de los poderes de la bestia en Apocalipsis 13. A todos se les ordenó adorar la estatua de oro, o serían ejecutados en un horno ardiente. De igual modo, en Apocalipsis 13, “todo el que no la adorase [a la imagen de la bestia]” sería ejecutado (Apoc. 13:15).
Lee Apocalipsis 14:9 al 11; 16:2; 19:20; y 20:4. ¿Qué nos dicen estos versículos sobre cuán trascendental será el tema de la adoración?
Babilonia siempre ha sido la capital de la adoración falsa. La Torre de Babel dio prueba de los deseos de sus constructores, al igual que Lucifer, de subir “sobre las alturas de las nubes” y de ser “semejante al Altísimo” (Isa. 14:14), como así también de sus esfuerzos por salvarse a sí mismos en caso de otro diluvio mundial. Por lo tanto, se negaban a creer en la promesa de Dios de que nunca permitiría que se desatase otro diluvio sobre la Tierra (Gén. 9:8-11).
El Imperio Neobabilónico también exaltaba la obra de las manos humanas. Nabucodonosor exaltó “la gran Babilonia que yo edifiqué” (Dan. 4:30). Más adelante, el rey Belsasar tomó las copas de oro del Templo de Salomón para un banquete, y “bebieron vino, y alabaron a los dioses de oro y de plata, de bronce, de hierro, de madera y de piedra” (Dan 5:3). Observa que los verdaderos vasos del Templo estaban llenos de vino embriagador, que reducía la sensibilidad de todos los que bebían de ellos. Como resultado, muchos de la ciudad perecieron cuando cayó Babilonia. Una apariencia externa de verdad puede engañarnos, pues enmascara el mortal “vino de Babilonia”. La adoración falsa y las ideas falsas son la divisa del reino de Satanás.
¿De qué modo podemos asegurarnos de que no estamos participando hoy de ninguna adoración falsa?

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