Diálogo Bíblico | Martes 8 de marzo 2016 | La palabra profética más segura | Escuela Sabática
Martes 8 de marzo
LA PALABRA PROFÉTICA MÁS SEGURA
Lee 2 Pedro 1:16 al 21. ¿Qué dice sobre la profecía que es tan importante?
Pedro menciona algo de lo que ha visto: el bautismo de Jesús (2 Ped. 1:17), la transfiguración de Jesús en el monte (vers. 18) y la confirmación de las profecías con respecto a Jesús (vers. 19). Todo impactó profundamente a Pedro, pero él se detiene más sobre el último punto, las profecías. Esto tal vez tenga que ver con sus fracasos. ¿Cuántas veces Pedro no escuchó lo que Jesús decía porque pensaba que ya sabía lo que iba a decir? ¿Cuántas veces predijo Jesús su trato a manos de los sacerdotes y, sin embargo, cuando las cosas sucedieron exactamente como Jesús lo había dicho, Pedro no estaba preparado? Probablemente el más doloroso de todos estos “fracasos” haya sido cuando Jesús predijo que Pedro lo negaría. El discípulo estaba tan seguro de que eso nunca podría suceder que, cuando ocurrió, debió de haber sido el punto más bajo de su vida.
Tal vez por esto, Pedro aclara cómo ser un fiel seguidor de Jesús. Recuerda las “preciosas y grandísimas promesas” por las cuales ellos podían ser “participantes de la naturaleza divina”, a diferencia de aquellos que están presos en “la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (2 Ped. 1:4). Para indicar cómo escapar de la corrupción, enumera varias cualidades interconectadas que definen el estilo de vida cristiano: fe, virtud, conocimiento, dominio propio, perseverancia, piedad, afecto fraternal y amor (vers. 5-8). Cada una se construye sobre la característica anterior y, juntas, forman una unidad completa, como los ingredientes en un pastel. Pablo llama a estas cualidades “fruto” en vez de “frutos” (Gál. 5:22, 23), porque constituyen una unidad que no puede separarse.
Pedro dice que los creyentes no tropezarán si estos valores forman parte de sus vidas y les pide que hagan “firme vuestra vocación y elección” (2 Ped. 1:10).
Recuerda que Pedro dirige su epístola a cristianos establecidos en la fe. No sugiere que conformarse a un conjunto de requisitos les asegurará un pasaje al cielo. Solo está contrastando las actitudes y las conductas generalizadas en su tiempo, lanzando el desafío de usar las energías en cosas positivas en vez de en cosas negativas.

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