Miércoles 18 de febrero
COMPASIÓN POR LOS POBRES
El carácter de una persona no se mide tanto por la sabiduría o aun por su compromiso religioso sino, más bien, por su disposición de ayudar a los pobres y los necesitados. No es lo que tienes lo que constituye tu carácter, sino lo que das a tu prójimo. Quién eres para tu vecino es la medida del carácter. El samaritano que salvó a su prójimo está más cerca del Reino de Dios que el sacerdote piadoso (Luc. 10:26-37). El libro de Proverbios enfatiza y explica esta prioridad.
Por causa de Dios: La primera razón para esta prioridad reside en Dios mismo, quien prefiere la compasión humana por los pobres más que nuestro celo religioso (Prov. 19:17; 21:13). Tu sensibilidad hacia los pobres y tus actos concretos a su favor tendrán más valor para Dios que cualquier otro acto piadoso tuyo. En realidad, Dios está personalmente interesado en esa obra, tan es así,que cuando damos a los pobres es como si se lo diéramos a Dios mismo (Mat. 25:35-40).
Lee Mateo 25:35 al 40. ¿Qué dice esto acerca de cuán estrechamente se identifica con los que tienen necesidad? ¿Cómo debe impactar esto en la forma en que nos relacionamos con estas personas?
Por causa de los pobres: La segunda razón se encuentra en la persona del pobre, a quien Dios creó del mismo modo que fue creado el rico (Prov. 22:2). La igualdad entre los humanos, basada en el hecho de que Dios creó a todos, hace que el pobre sea tan digno de atención como el rico. Debemos amar a nuestros prójimos por lo que son: seres creados a la imagen de Dios.
Al mismo tiempo, piensa en cuánto bien te hace el ayudar a los necesitados. Nuestras naturalezas básicas son egoístas; por eso, tendemos a cuidarnos por sobre los demás. Al dar de nosotros, aprendemos a morir al yo y a reflejar mejor el carácter de Cristo. ¿Qué es de más valor para nosotros que eso?
¿De qué manera obtienes una mayor satisfacción personal al ayudar a otros que están en necesidad, que solo hacer cosas para ti mismo?
http://escuelasabatica.es/

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