Diálogo Bíblico | Miércoles 18 de octubre 2017 | Lo que tienen en común judíos y gentiles | Escuela Sabática

Miércoles 18 de octubre
LO QUE TIENEN EN COMÚN JUDÍOS Y GENTILES
En Romanos 1, Pablo se refiere específicamente a los pecados de los gentiles, los paganos, los que habían perdido de vista a Dios hacía mucho tiempo y, por lo tanto, habían caído en las prácticas más degradantes.
Pero él tampoco iba a permitir que su propio pueblo, sus propios compatriotas, se salieran con la suya. A pesar de todas las ventajas que habían recibido (Rom. 3:1, 2), ellos también eran pecadores, condenados por la Ley de Dios y necesitados de la gracia salvadora de Cristo. En ese sentido, en el hecho de ser pecadores, de haber violado la Ley de Dios y de necesitar la gracia divina para la salvación, los judíos y los gentiles eran iguales.
Lee Romanos 2:1 al 3, y 17 al 24. ¿Contra qué advierte Pablo? ¿Qué lección deberíamos aprender todos, judíos o gentiles, de esta advertencia?
“Después de que el apóstol ha demostrado que todos los paganos son pecadores, ahora muestra, de manera especial y más enfática, que también los judíos viven en pecado, sobre todo porque obedecen la Ley solo exteriormente; es decir, según la letra y no de acuerdo con el espíritu”.–M. Lutero, Commentary on Romans, p. 61.
Con frecuencia es demasiado fácil ver y señalar los pecados de los demás. Sin embargo, ¿cuán a menudo somos culpables de cosas similares o aún peores? El problema es que tendemos a hacer “la vista gorda” con nosotros mismos, o logramos sentirnos mejor mirando lo mal que están otros en comparación con nosotros.
Pablo no quiere tener nada que ver con eso. Les advierte a sus compatriotas que no se apresuren a juzgar a los gentiles, porque ellos mismos, los judíos, incluso como pueblo escogido, eran pecadores. En algunos casos eran aún más culpables que los paganos a quienes condenaban tan rápidamente; por ser judíos, ellos habían recibido más luz que los gentiles.
La observación de Pablo en todo esto es que ninguno de nosotros es justo, ninguno de nosotros cumple el estándar divino, ninguno de nosotros es innatamente bueno o inherentemente santo. Judíos o gentiles, hombres o mujeres, ricos o pobres, temerosos de Dios o rechazados por Dios, todos somos condenados. Y, si no fuera por la gracia de Dios revelada en el evangelio, no habría esperanza para ninguno de nosotros.
¿Con qué frecuencia, aunque solo sea en tu propia mente, condenas a los demás por cosas de las que tú mismo eres culpable? Si prestas atención a lo que Pablo escribió aquí, ¿cómo puedes cambiar?

(98)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*