Miércoles 19 de noviembre
LA AMISTAD DEL MUNDO
Lee Santiago 4:2 al 4. ¿Por qué Santiago llama a sus lectores “almas adúlteras”? Ver Jer. 3:6-10, 20; Isa. 54:5; Jer. 2:2; Luc. 16:13.
Pensando en Israel como la esposa de Dios, Santiago compara la práctica de los creyentes de seguir las costumbres y las actitudes del mundo con el adulterio espiritual. En realidad, ellos eligen a un señor y amo diferente.
Santiago 4:5 no es fácil de comprender. Para algunos es el versículo más difícil del Nuevo Testamento. La ambigüedad del texto griego se refleja en las traducciones. Algunos consideran que el “espíritu” es el Espíritu Santo (“el Espíritu… en nosotros… nos anhela celosamente) (RVR; RVR95); “el Espíritu que Dios hizo habitar en nosotros, suspira… con celos envidiosos” (VM). Otros consideran que es el espíritu humano (“Dios ama celosamente al espíritu que hizo morar en nosotros” (NVI); “tiene deseos ardientes el espíritu que él ha hecho habitar en nosotros” (BJ). Estas últimas traducciones parecen adecuarse mejor a la gramática y al contexto, pero el significado del versículo no es muy claro. Basados en un cuidadoso estudio del griego de los versículos 5 y 6, se podría traducir como sigue: “¿O pensáis que las Escrituras hablan en vano contra la envidia? El espíritu que él ha hecho habitar en nosotros anhela, pero él da más gracia. Por lo tanto, él dice: Dios resiste al orgulloso pero da gracia al humilde” (Sant. 4:5, 6, traducción del autor).
Como lo aclara en los versículos 1 al 4, el espíritu humano (o “corazón”) está saturado con deseos, que sin ser malos en sí mismos fueron desviados por el pecado a senderos malvados. La gracia es la única solución para esto. El orgulloso no puede recibir con facilidad esa gracia. Alguien dijo que obtenemos gracia como un mendigo que alarga un vasito ante una cascada. Solo uno manso, humilde y que siente su total dependencia está abierto a la gracia, favor inmerecido otorgado a los que somos indignos. Como escribió Elena de White: “Nuestra gran necesidad es lo único que nos da derecho a la misericordia de Dios” (DTG 283).
¿Qué hay en ti que te hace digno de la salvación? ¿De qué manera tu respuesta te ayuda a percibir la gran necesidad de gracia en tu propia vida? ¿De qué forma la cruz, y sólo la cruz, responde a esa necesidad?
http://escuelasabatica.es/

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