Miércoles 3 de diciembre
GORDOS Y FELICES (POR AHORA)
Lee Santiago 5:5. Compáralo con Ezequiel 16:49 y Amós 4:1. ¿Con qué vinculan estos pasajes la indulgencia lujosa?
En el mundo antiguo prevalecía la idea de que existía una cantidad fija de riqueza, lo que significaba que si la riqueza de alguno aumentaba, la de otros se reduciría. Es decir, los ricos podían ser más ricos solo haciendo que los pobres fueran más pobres. “Crear” riqueza sin afectar adversamente la de otros, parece, es una idea relativamente moderna. Algunos alegan que cuando los ricos se vuelven más ricos pueden ayudar a que los pobres sean también más ricos. Además, considerando la competencia entre las naciones desarrolladas y las que están en desarrollo por lograr los recursos cada vez más escasos, limitar la creación de riqueza puede parecer más urgente. Por ello, la desigualdad de la riqueza todavía es un problema pendiente hoy.
Una de las historias más famosas de Jesús que trata el tema de la desigualdad es la parábola del hombre rico y Lázaro (ver Luc. 16:19-31). En tiempos de Jesús, la gente tenía suerte si tenía dos vestidos en lugar de uno solo, y eran felices si tenían fiesta una vez al año. En contraste, el hombre rico “se vestía de púrpura y de lino fino” (la ropa más costosa) y “hacía cada día banquete con esplendidez” (vers. 19). El pobre Lázaro, a pesar de estar a la puerta de la casa del rico, tenía que mendigar para recibir unas migajas.
En contra de la opinión popular, el verdadero centro de la parábola es esta vida, no la vida venidera. De hecho, el texto griego original no menciona “cielo” ni “infierno”. Tanto el hombre rico como Lázaro se describen en el mismo lugar (vers. 23), el sepulcro (hádes). El abismo que los separa simboliza el hecho de que, después de que una persona muere, su destino eterno está fijado. Por eso, cómo tratamos a las personas en esta vida (como se describe en “Moisés y los profetas”, vers. 29, 31) es sumamente importante. En la vida futura no podemos hacer lo que dejamos de hacer en esta vida: “El que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (1 Juan 4:20).
¿Qué cosas penosas hiciste que, aunque puedas “resarcir” ahora, no podrás compensarlas más tarde?
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