Viernes 22 de noviembre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: “La Expiación, Segunda parte: La aplicación sumosacerdotal de la Expiación”, en el Apéndice C del Comentario bíblico adventista, 7A:474-486.
“Apártense de la voz de Satanás y de hacer su voluntad, y pónganse del lado de Jesús, apropiándose de sus atributos, el poseedor de aguda y tierna sensibilidad, que puede hacer propia la causa de los afligidos y sufrientes. El hombre que ha sido perdonado mucho amará mucho. Jesús es un intercesor compasivo, y misericordioso y fiel Sumo Sacerdote. Él, la Majestad del cielo –el Rey de gloria–, puede mirar al hombre finito, sujeto a las tentaciones de Satanás, sabiendo que él ha sentido el poder de los ataques de Satanás” (CE 160).
“La conciencia puede ser liberada de condenación. Mediante la fe en su sangre, todos pueden encontrar la perfección en Cristo Jesús. Gracias a Dios porque no estamos tratando con imposibilidades. Podemos pedir la santificación. Podemos disfrutar del favor de Dios. No debemos inquietarnos por lo que Cristo y Dios piensan de nosotros, sino que debe interesarnos lo que Dios piensa de Cristo, nuestro Sustituto” (MS 2:37).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Lee Hebreos 2:17. ¿Por qué era necesario que Jesús llegara a ser humano y sufriera antes de poder ser nuestro Sumo Sacerdote?
2. Medita en la segunda cita de Elena de White copiada arriba. Considera en forma especial la línea: “No debemos inquietarnos por lo que Cristo y Dios piensan de nosotros, sino que debe interesarnos lo que Dios piensa de Cristo, nuestro Sustituto”. ¿Cómo nos ayuda a comprender qué viene antes, cuando habla de ser “hechos perfectos en Cristo Jesús”?
3. Nuestro Sumo Sacerdote, Jesucristo, es la Garantía de nuestra salvación, y él administra los efectos y los beneficios de su sacrificio y de su sangre. Con él de nuestro lado, no tenemos nada que temer. ¿Cómo podemos tomar estas maravillosas verdades, tan poderosamente expresadas en el libro de Hebreos, y aplicarlas a nosotros mismos, especialmente en momentos de gran tentación?
4. El libro de Hebreos es muy claro en cuanto a que el sacrificio de Jesús, hecho una vez para siempre, fue todo lo que se necesitaba para tratar con el pecado. ¿Qué debe decirnos eso acerca de cualquier rito religioso que pretenda repetir esta práctica como una necesidad para el perdón de los pecados?

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