02 Folleto Escuela Sabática 3er. Trimestre 2013Domingo 4 de agosto

EL ARREPENTIMIENTO: UN DON DE DIOS

Durante las semanas anteriores a Pentecostés, los discípulos buscaron fervientemente a Dios en oración. Hechos 1:14 dice que estaban “unánimes en oración y ruego”. Esta experiencia de estar “unánimes” revela una sólida unidad y armonía entre los seguidores de Cristo, que no habría sido posible sin arrepentimiento y confesión. La oración y la confesión los prepararon  para lo que siguió.

Lee Hechos 5:30 al 32. ¿Qué puntos  importantes podemos obtener de lo que Pedro  dijo aquí?

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Pedro presenta dos puntos críticos. Primero, el arrepentimiento es un don. Al abrir nuestros corazones  a los impulsos del Espíritu Santo, Jesús nos da el don del arrepentimiento. Segundo, los discípulos mismos eran testigos en sus propias vidas de la realidad del arrepentimiento. No solo predicaban el arrepentimiento, sino también lo experimentaban.

“Mientras los discípulos esperaban el cumplimiento de la promesa, humillaron sus corazones con verdadero arrepentimiento y confesaron su incredulidad. Al recordar  las palabras  que Cristo les había hablado  antes de su muerte, entendieron más plenamente su significado. […] Cuando meditaban en su vida pura y santa, sentían que no habría trabajo demasiado  duro, ni sacrificio demasiado grande, con tal de que pudiesen  atestiguar con su vida la belleza del carácter de Cristo” (HAp 29, 30).

El arrepentimiento y la confesión son temas comunes  en todo el libro de Hechos (Hech. 17:30, 31; 26:19, 20). La “bondad  de Dios” es la que nos guía al arrepentimiento; el poder convincente del Espíritu Santo nos lleva a darnos cuenta de nuestra necesidad de un Salvador que perdona el pecado. Al mismo tiempo, debemos  recordar que el Espíritu Santo no llena los corazones no arrepentidos (Rom. 2:8: Hech. 2:38, 39; 3:19). El Espíritu Santo llena los corazones  vaciados de ambiciones  egoístas, del deseo de reconocimiento personal y del impulso de gloria personal.

¿Por qué es tan difícil reconocer  nuestros  pecados y arrepentirnos de ellos? ¿Por qué es tan fácil permitir que el yo estorbe el verdadero arrepentimiento?

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