NOTAS DE ELENA 2013La observancia del sábado es la línea de demarcación entre el que sirve a Dios y el que no le sirve. Es el gran monumento conmemorativo de que en seis días creó los cielos y la tierra y el séptimo descansó de su obra. Tiene como propósito preservar entre todas las naciones un claro, definido y correcto conocimiento del único Dios verdadero, el que es  Dios sobre todos los dioses. Dios le ha dado a los seres humanos seis días por semana en los cuales trabajar, y en su santo día desea que le honren, le adoren, le alaben y exalten por el ser el Creador de todas las cosas mediante Jesucristo (Manuscript Releases, tomo 5, p. 85).

Así como el sábado, la semana se originó al tiempo de la creación, y fue conservada y transmitida a nosotros a través de la historia bíblica. Dios mismo dio la primera semana como modelo de las subsiguientes hasta el fin de los tiempos. Como las demás, consistió en siete días literales. Se emplearon seis días en la obra de la creación; y en el séptimo, Dios reposó y luego bendijo ese día y lo puso aparte como día de descanso para el hombre.

En la ley dada en el Sinaí, Dios reconoció la semana y los hechos sobre los cuales se fonda. Después de dar el mandamiento: “Acuérdate de santificar el día de sábado” (Éxodo 20:8, V. Torres Amat), y después de estipular lo que debe hacerse durante los seis días, y lo que no debe hacerse el día séptimo, manifiesta la razón por la cual ha de observarse así la semana, recordándonos su propio ejemplo: “Por cuanto el Señor en seis días hizo el cielo, y la tierra, y el mar, y todas las cosas que hay en ellos, y descansó en el día séptimo: por esto bendijo el Señor el día sábado, y le santificó” (versículo 11). Esta razón resulta plausible cuando entendemos que los días de la creación son literales. Los primeros seis días de la semana fueron dados al hombre para su trabajo, porque Dios empleó el mismo período de la primera semana en la obra de la creación. En el día séptimo el hombre ha de abstenerse de trabajar, en memoria del reposo del Creador (Patriarcas y profetas, p. 102).

Dios hizo al mundo en seis días literales, y en el séptimo día literal descansó de toda su obra que él había hecho, y fue refrigerado. Así ha dado al hombre seis días en los cuales trabajar. Pero santificó el día en que él descansó, y lo dio al hombre para ser observado, para que se lo conservara libre de todo trabajo secular. Al poner aparte así el sábado, Dios dio al mundo un monumento conmemorativo. No apartó un día y cualquier día de los siete, sino un día específico, el séptimo día. Y al observar el sábado, manifestamos que reconocemos a Dios como el Ser vivo, el Creador de los cielos y la tierra.

No hay nada en el sábado que lo restrinja a una clase particular de personas. Ha sido dado para todo el género humano. Ha de ser empleado, no en la indolencia, sino en la contemplación de las obras de Dios. Esto habían de hacer los hombres para que “supiesen que yo soy Jehová que los santifico” (Testimonios para los ministros, pp. 133, 134).

(343)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*