Lección 7  – Domingo 11 de noviembre

LA NECESIDAD DE ARMARNOS PERSONALMENTE

En Efesios 6:12, Pablo describe la vida cristiana como una lucha, diciendo: “tenemos lucha”. Nota que él usa el plural. Literalmente, el pasaje dice: “No tenemos lucha contra sangre y carne”. El versículo 13 nos insta a ponernos toda la armadura de Dios, provista para que la usemos. Pablo comienza el versículo con la expresión “por tanto”, lo que implica que, en vista de la naturaleza del conflicto, tal armadura es necesaria. El apóstol describe de qué modo debería estar armado el cristiano, y lo hace con las imágenes de un soldado romano armado para la batalla.

Considera las imágenes de Efesios 6:14 al 17. ¿Qué hay en este cuadro que te impresiona al ver que hay una lucha que no solo involucra a cada cristiano, sino también demanda, fundamentalmente, un compromiso personal? ¿Qué significa para ti que tú mismo tienes una pelea en la que debes participar?

La palabra traducida como “lucha” originalmente se refería a los combates hombre a hombre; pero, más tarde se api ico a otros tipos de pelea. Si bien puede ser que no se refiera auna contienda mano a mano con demonios, esta palabra, por el modo en que es usada aquí, señala que se trata de una lucha individual.

La parábola de las diez vírgenes, en Mateo 25:1 al 13, aunque en un contexto diferente del que consideramos aquí, también se refiere al tema del compro­miso personal en asuntos espirituales. Elena de White aplica las condiciones es­pirituales de las cinco vírgenes de la descripción de Jesús a las personas que, en el tiempo del fin, tendrán una forma de piedad, pero no su poder (2 Tim. 3:1-5). “Esta es la clase de personas que en tiempo de peligro clama: Paz y seguridad. Arrullan sus corazones en la seguridad, y no sueñan con peligros. Cuando se despiertan alarmados de su letargo, disciernen su destitución, y tratan de que otros suplan su necesidad; pero, en las cosas espirituales, ningún hombre puede suplir la deficiencia del otro” (PVGM339).

 ¿Qué cosas puedes hacer para ti mismo, cosas que ningún otro puede hacer por ti? (Por ejemplo, nadie puede comer por ti.) ¿Cómo aplicas, entonces, ese mismo principio al armarte para el conflicto espiritual, en el cual cada uno, individualmente, estamos participando?

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