Notas de Elena - Libro - Segundo trimestre 2013 - Escuela Sabática

Notas de Elena – Libro – Segundo trimestre 2013 – Escuela Sabática

Domingo 12 de mayo:

La agonía del corazón del profeta

Salomón había escrito: “¡Ay de ti, tierra, cuando tu rey es mucha­cho!” (Eclesiastés 10:16). Así sucedía en la tierra de Judá. Por sus continuas transgresiones, los gobernantes habían llegado a ser como niños. Isaías señaló a la atención del pueblo la debilidad de su posición entre las naciones de la tierra; y le demostró que ella era resultado de la impiedad manifestada por los dirigentes. Dijo: “Porque he aquí que el Señor Jehová de los ejércitos quita de Jerusalén y de Judá el sustenta­dor y el fuerte, todo sustento de pan y todo socorro de agua; el valiente y el hombre de guerra, el juez y el profeta, el adivino y el anciano; el capitán de cincuenta, y el hombre de respeto, y el consejero, y el artí­fice excelente, y el hábil orador. Y pondréles mozos por príncipes, y muchachos serán sus señores”. “Pues arruinada está Jerusalén, y Judá ha caído; porque la lengua de ellos y sus obras han sido contra Jehová” (Isaías 3:1-4, 8)…

Se trataba verdaderamente de un tiempo de gran peligro para la nación escogida. Faltaban tan solo unos años para que las diez tribus del reino de Israel quedasen esparcidas entre las naciones paganas. Y la perspectiva era sombría también en el reino de Judá. Las fuerzas que obraban para el bien disminuían rápidamente y se multiplicaban las fuerzas favorables al mal. El profeta Miqueas, al considerar la situación, se sintió constreñido a exclamar: “Faltó el misericordioso de la tierra, y ninguno hay recto entre los hombres”. “El mejor de ellos es como el cambrón; el más recto, como zarzal” (Miqueas 7:2, 4). Isaías declaró: “Si Jehová de los ejércitos no hubiera hecho que nos quedasen muy cortos residuos, como Sodoma fuéramos y semejantes a Gomorra” (Isaías 1:9).

En toda época, por amor a los que permanecieron fieles, y también a causa de su infinito amor por los que yerran, Dios fue longánime con los rebeldes, y los instó a abandonar su conducta impía para retomar a él. Mediante los hombres a quienes designara, enseñó a los transgresores el camino de la justicia “renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá.”(Isaías 28:10).

Y así sucedió durante el reinado de Acaz. Se envió al errante Israel una invitación tras otra para que volviese a ser leal a Jehová. Tiernas eran las súplicas que le dirigían los profetas; y mientras estaban exhor­tando fervorosamente al pueblo a que se arrepintiese y se reformase, sus palabras dieron fruto para gloria de Dios.

Por medio de Miqueas fue hecha esta súplica admirable: “Oíd ahora lo que dice Jehová: Levántate, pleitea con los montes, y oigan los collados tu voz. Oíd, montes, y fuertes fundamentos de la tierra, el pleito de Jehová: porque tiene Jehová pleito con su pueblo, y altercará con Israel (Profetas y reyes, pp. 239, 240).

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