Domingo 13 de abril – Devoción Matutina para Menores 2014 — Boston, el gato malvado

«Aquel que peque, morirá» (Ezequiel 18: 4).

Boston era un gato malvado. Era diferente a los demás gatos callejeros, esos que sin darse cuenta se desvían del buen camino. Boston odiaba a los demás gatos y quería matarlos a todos. Se escondía en los jardines de las casas de gatos desprevenidos y los atacaba en su propio terreno. Les cortaba las orejas, les sacaba los ojos, y les arañaba la piel. Un gato tras otro tenían que ser llevados al veterinario para que les dieran puntos de sutura, o los inyectaran.
Boston atacaba sin respetar las reglas establecidas durante generaciones felinas. A veces, sus actos sin sentido comenzaban con el acostumbrado sonsonete de los gatos. Otras veces obviaba las formalidades y directamente se abalanzaba sobre sus víctimas como si fueran ratones. Nada lo distraía de su necesidad de librar al mundo de otros gatos. Si un humano trataba de impedir su ataque, Boston continuaba como si nada, a pesar de los gritos.
Un día, Boston comenzó a merodear la casa de Liz, convirtiéndose en el gato número veinticuatro de esta amante de los gatos y de su esposo Ralph.
El malvado gato se sentía como en el cielo. Allí no solo encontraba comida todos los días, sino que tenía a su disposición un montón de gatos para acabar con ellos.
—Este gato es un demente —dijo Liz a su esposo—. Es un asesino psicópata.
—Rabia no tiene — le contestó Ralph—, porque ya habría muerto de la enfermedad.
—Si tan solo los demás gatos se defendieran en grupo —sugirió Liz.
—Los gatos no atacan en grupo —le recordó Ralph—. Podríamos tratar de atraparlo y llevarlo al veterinario. Allí podrían ponerlo a dormir. Pongámosle una trampa.
Boston evitó ser atrapado a pesar de los numerosos intentos de Ralph y Liz. Después de que atacara al más pequeño de los gatos de Liz, ella sugirió envenenarlo, pero descartó la idea pues sus propios gatos podían comer la comida envenenada por error. Entonces pensaron en dispararle, pero ninguno’ de los dos se atrevía a hacerlo. Los ataques de Boston a los gatos del vecindario continuaron hasta un jueves de noche, en que los vecinos se reunieron para solucionar el problema. Sus pecados fueron discutidos y fue declarado culpable. Boston merecía morir.
(Continuará…)

DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2014
EN LA CIMA
Por: Kay D. Rizzo
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