Domingo 13 de noviembre 2016 | Devoción Matutina para Menores 2016 | En un momento


El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente este era Hijo de Dios. Mateo 27:54.

La oración del ladrón moribundo fue la única palabra de consuelo que Jesús escuchó en la cruz.
En medio de su propio sufrimiento, Jesús no solo brindó la promesa de salvación al ladrón, sino también recordó a su propia madre. Jesús habló a Juan, confiando a su madre al cuidado de su discípulo amado.
Pero mientras Jesús pensaba en otros, dentro de sí seguía aumentando su intenso sufrimiento como Cordero de Dios. Su creciente angustia era la que cada pecador sentirá cuando sea separado eternamente de Dios.
Los soldados crucificaron a Jesús cerca de las nueve de la mañana. Alrededor del mediodía, misteriosamente el sol se ocultó: Dios mismo había descendido para estar cerca de su Hijo, en estos últimos momentos. Ocultó la brillantez de su gloria, o cada persona que estaba allí habría sido destruida. En su hora espantosa, Jesús no iba a ser consolado por la presencia del Padre. Pero Dios estaba allí, sufriendo con su Hijo.
Cerca de las tres de la tarde, Jesús no pudo soportar más. Aunque no podía ver a su Padre, por fe Jesús confiaba en él y entregó su vida en sus manos. Luego, gritó en alta voz: “Consumado es” (Juan 19:30).
Hubo un profundo estruendo y un terrible terremoto arrojó al suelo a los hombres, las mujeres y los niños. Las rocas fueron sacudidas, y cayeron de las montañas y rodaron hasta los valles. Parecía que la tierra se estaba haciendo pedazos. Se abrieron los sepulcros, y algunos de los muertos salieron de sus tumbas.
Abajo, en el Templo, el sacerdote levantó su mano para matar al cordero expiatorio de rutina, pero de pronto hubo un sonido de desgarro, y una mano invisible rasgó la pesada cortina que separaba el lugar Santo del lugar Santísimo, desde lo más alto hasta abajo. El verdadero Cordero de Dios acababa de morir en una colina fuera de la ciudad, y el sistema de sacrificios acababa de perder su significado principal.
De regreso en el Calvario, el oficial romano a cargo de la crucifixión tembló, y dijo a sus soldados: “Verdaderamente este era Hijo de Dios” (Mateo 27:54).

DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2016
¡GENIAL!
Dios tiene un plan para ti
Por: Jan S. Doward
Lecturas devocionales para niños 2016
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Matutinas, Menores

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