Domingo 13 de septiembre 2015 | Devoción Matutina para Adultos 2015 | Un cántaro hecho añicos

“Entonces quebrarás la vasija ante los ojos de los hombres que van contigo, y les dirás: ‘Así ha dicho Jehová de los ejércitos: De esta forma quebrantaré a este pueblo y a esta ciudad, como quien quiebra una vasija de barro, que no se puede restaurar más’ ” (Jeremías 19:10, 11).

Una y otra vez los dedos del alfarero han intentado modelar un vaso perfecto.
Pero siempre ha salido torcido. Llega un momento en que el barro se ha vuelto rígido, imposible de moldear, y solo puede producir vasijas defectuosas que no sirven para nada. El profeta debía ilustrar la dramática situación de Israel, así que compró una vasija torcida y dijo que era un vaso que ya no podía ser restaurado y, ante los ojos de los líderes del pueblo, lo lanzó contra el suelo. ¿Conoces la experiencia de alguien a quien le ocurrió algo parecido?
Tengo en mi poder una carta de un joven al que llamaré Leoncio, que escribió a Agustín, un amigo de la iglesia. Era natural del sureste de España, tenía treinta años y había sido adventista alguna vez. El Señor había trabajado con él de mil maneras, pero cada vez que había comenzado a modelar el barro de su vida se escapaba de sus manos. Después de haber conocido el evangelio, frecuentó diversas agrupaciones religiosas, se afilió a una comuna, conoció el placer y apuró su copa hasta la última gota. Pero su insatisfacción y soledad iban creciendo hasta llegar a la desesperación. En la carta escrita a Agustín, evoca lo que aprendió en nuestra iglesia, pero sin haber descubierto lo fundamental: el poder salvador de la gracia de Dios:
“Amigo Agustín, tengo esperanza de que el Señor acogerá mi espíritu en este día. Te ruego que escribas a mi madre con la idea de que no conozca la verdad […]. Escríbele y anímala, que no conozca que dejo este mundo […].
Encárgate de mi equipaje. Medita y haz las cosas bien, sin levantar polvo que pueda perjudicar a nuestros hermanos. Ayuna, que te fortalecerá. También tengo la esperanza de que nos podamos ver en la tierra nueva”.
Al día siguiente, Leoncio se lanzó desde uno de los puentes del río que pasaba por la ciudad. Su cuerpo destrozado, como un cántaro roto, yacía en el lecho seco del río. Yo estaba casualmente en aquella población aquel día y, con el pastor de la iglesia, tuvimos que comunicar la noticia a su pobre madre.
Tú todavía estás entre los dedos del Alfarero divino. Que él modele tu vida, que haga de ti una vasija útil, un vaso de honra.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2015
Pero hay un DIOS en los cielos…
Por: Carlos Puyol Buil
Lecturas devocionales para Adultos 2015
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