NOTAS DE ELENA 2013Domingo 13 de enero:
El sol, la luna y las estrellas
Dios es el autor de la ciencia. La investigación científica abre ante la mente vastos campos de pensamiento e información, capacitándo-nos para ver a Dios en sus obras creadas. La ignorancia puede inten-tar apoyar al escepticismo apelando a la ciencia; pero en vez de sos-tenerlo, la verdadera ciencia revela con nuevas evidencias la sabidur-ía y el poder de Dios. Debidamente entendida, la ciencia y la palabra escrita concuerdan, y cada una derrama luz sobre la otra. Juntamente nos conducen a Dios, enseñándonos algo de las leyes sabias y benéfi-cas por medio de las cuales él obra (Consejos para los maestros, p. 411).
El conocimiento y la ciencia deben ser vitalizados por el Espíritu de Dios a fin de servir los más nobles propósitos. Solamente el cris-tiano puede hacer el debido uso del conocimiento. La ciencia, para que pueda ser plenamente apreciada, debe ser considerada desde un punto de vida religioso. Entonces todos adorarán al Dios de la cien-cia. El corazón que es ennoblecido por la gracia de Dios puede com-prender mejor el verdadero valor de la educación. Los atributos de Dios, tales como se los observa en sus obras creadas, pueden ser apreciados únicamente cuando tenemos un conocimiento del Crea-dor. Los maestros deben estar familiarizados, no solo con la teoría de la verdad sino que deben tener un conocimiento experimental del camino de la santidad a fin de conducir a los jóvenes a las fuentes de la verdad, al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. El co-nocimiento es poder únicamente cuando se lo une con la verdadera piedad. Un alma vacía del yo será noble. Cristo, morando en el co-razón por la fe, los hará sabios a la vista de Dios (Testimonios para los ministros, p. 197).
El hombre ha quedado sin excusa. Dios le ha dejado suficientes evidencias sobre las cuales basar su fe, si tiene la voluntad de creer. En los últimos días la tierra se verá casi completamente destituida de la fe verdadera. La Palabra de Dios se considerará indigna de con-fianza bajo el menor pretexto, mientras que se aceptará el razonamiento humano, aunque éste contradiga directamente las realidades claras de la Escritura. Los hombres se esforzarán por explicar la obra de la creación como resultado de causas naturales, algo que Dios nunca ha revelado. Pero la ciencia humana no puede escudriñar los secretos del Dios del cielo ni explicar las obras estupendas de la crea-ción, que no son sino un milagro del poder del Altísimo, como tam-bién son incapaces de explicar cómo llegó Dios a la existencia.

“Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las re-veladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre” (Deu-teronomio 29:29). Los caminos de Dios no son nuestros caminos, ni sus pensamientos nuestros pensamientos. La ciencia humana jamás podrá explicar el portento de sus obras (Exaltad a Jesús, p. 53).

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