Opina el necio que su camino es derecho, pero el sabio obedece el consejo. Proverbios 12:15, RV95

 Hace años leí el relato de un joven que cierto día quiso montar dos caballos a la vez. Los colocó uno al lado del otro y él se ubicó, de pie, con una pierna sobre cada animal. Entonces comenzó a avanzar. Cuando vio que la idea estaba funcionando de maravilla, aligeró el paso. Entonces ocurrió lo imprevisto: los animales comenzaron a separarse gradualmente. Cuando el joven vio el peligro, pensó saltar sobre un caballo. ¿Pero cuál de los dos escogería? Cuando finalmente saltó, ya era muy tarde. Terminó comiendo polvo.

Tenía dos opciones, pero no aprovechó ninguna. O sea, ni una cosa ni la otra. Y al final terminó en el suelo. ¿No es esta una ilustración muy apropiada de quienes quieren estar bien con Dios y con el mundo? Un pie en la iglesia y otro en el mundo. No son ni una cosa ni la otra y, al final, terminan en el suelo.

El conocido dicho popular nos exhorta a «no asar dos conejos a la vez porque uno se nos va a quemar». Pero con el joven que quiere amar a Dios y al mundo la cosa es peor: en lugar de un conejo, se le queman los dos, porque no existe una entrega completa en un sentido u otro. Y en este punto pongamos las cartas sobre la mesa: si bien es cierto que Dios espera de ti una entrega completa, lo mismo espera el mundo. Dar el «sí» a Dios significa decirle «no» al mundo. Dar el «sí» al mundo significa decirle «no» a Dios. Así de sencillo. No podemos servir a dos señores (ver Luc. 16:13).

Otra cosa: El «sí» a Dios, además de significar «no» al mundo, jamás puede ser un «casi». Es un «sí» pleno, total, completo. Y es así porque hay cosas en la vida que no admiten un «casi». Como bien lo dijo alguien: «Casi dulce es insípido, casi caliente es tibio, casi sano es enfermo, casi cristiano es… ¡mundano!».

¿Y «casi salvos»? «Casi, pero no totalmente salvos, significa ser no casi sino totalmente perdidos» (Palabras de vida del gran Maestro, p. 90).

Entonces, ¿intentaremos montar dos caballos a la vez? ¡Ni pensarlo! A menos que queramos comer polvo. Pero, ¿quién va a ser tan tonto?

 

Padre celestial, té entrego completamente mi vida. Úsala de acuerdo a tu voluntad

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