Jovenes

A quien Dios le concede abundancia y riquezas, también le concede comer de ellas, y tomar su parte y disfrutar de sus afanes, pues esto es don de Dios (Eclesiastés 5:19).

En el año 2010 sucedió algo que la revista Time clasifico como una de las noticias mas raras del ano. Stuart Hughes, el joyero británico que supo apelar a la vanidad ultima de los que tienen mucho dinero, puso a la venta un !Phone de ocho millones de dólares. La joya, que es una obra de arte, está adornada con más de quinientos diamantes y un botón de navegación de platino, que además tiene un diamante rosa de 7,4 quilates. Este aparato, que dejo a muchos con la boca abierta, lo compro Tony Sage, un magnate australiano.

El astuto Stuart Hughes ya había creado Blackberrys con piedras preciosas incrustadas e incluso una Nintendo Wii de oro macizo. Por supuesto, nunca faltaron quienes los compraran. El iPhone de ocho millones dólares era, sencillamente, su último asalto a la vanidad de los que tienen muchísimo más de lo que necesitan. El problema que afrontan los ricos es como gastar su dinero. Ya sabemos que la riqueza es un don de Dios. Hay quienes recibieron el don de emprender grandes negocios y ganar mucho dinero. ¿Cómo gastarlo? El mismo sabio Salomón menciono un mal “que abunda entre los hombres”. Lo describe como “!absurdo, y un mal terrible!” .Cual es? “A algunos Dios les da abundancia, riquezas y honores […], pero es a otros a quienes les concede disfrutar de todo ello” (Ecl. 6:2).

Es decir, lo normal es que quien tiene riquezas las disfrute. Es terrible que, teniendo riquezas, se sienta culpable si tiene una casa cómoda, un automóvil nuevo y va de vacaciones a un costoso balneario. El principio de mayordomía cristiana que estableció John Wesley: “Gana todo lo que puedas, ahorra todo lo que puedas, da todo lo que puedas”, se puede ampliar así: “Devuelve fielmente tus diezmos a Dios. Dale a Dios las ofrendas más generosas que puedas. Ayuda a toda causa noble de tu comunidad. Da generosamente a todos los que padecen necesidad”. Después de todo eso, disfruta con tranquilidad las bendiciones económicas que Dios te brinde, porque tu alma generosa y cristiana estará libre del egoísmo y la necedad que implica comprar un iPhone de ocho millones de dólares. La sabiduría de Dios te ayudara a saber cómo invertir tu dinero. La humildad y el amor constituyen las bases para decidir sabiamente.

MEDITACIONES MATINALES JÓVENES 2013

¿SABÍAS QUE…?

Por: Félix H. Cortez

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