folleto segundoDomingo 19 de mayo

PROFETA PERPLEJO

Lee Habacuc 1. ¿Cuáles son las preguntas que el profeta le dirige a Dios? Aunque su situación es, por supuesto, diferente de la nuestra, ¿cuán a menudo nos encontramos haciendo estos mismos tipos de preguntas?

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Habacuc es singular entre los profetas porque no habló por Dios a la gente, sino más bien habló a Dios acerca de la gente. El profeta comienza su lucha por comprender los propósitos de Dios con un clamor de perplejidad: “¿Hasta cuándo, oh Jehová?” En la Biblia, esta pregunta es típica de un lamento (Salmo 13:1; Jeremías 12:4). Implica una situación de crisis de la cual el orador busca liberación.

La crisis acerca de la cual Habacuc pide ayuda es la violencia que satura a la sociedad. La palabra hebrea para “violencia” es hamas, y se usa seis veces en el libro de Habacuc. El término implica actos de daños, tanto físicos como morales, infligidos a otros (Génesis 6:11).

Siendo profeta, Habacuc sabe bien cuánto ama Dios la justicia y odia la opresión; de manera que quiere saber por qué Dios permite que la injusticia continúe. Él observa violencia y quebrantamiento de la ley por todos lados, y parece que los malvados triunfan sobre los justos. Los poderosos pervierten la justicia, como sucedió en el tiempo de Amós (Amós 2:6-8), y como ocurre tan a menudo hoy.

La respuesta de Dios revela sus planes futuros. El Señor usará el ejército de Babilonia para castigar al pueblo. Este anuncio sorprende al profeta. Él no espe­raba que Dios usara un ejército tan cruel para disciplinar a Judá. En el versículo 8, la caballería babilónica se compara con un leopardo, un lobo y un águila, tres depredadores cuya velocidad y poder producen muerte violenta a sus presas.

La cruel arrogancia de Babilonia no reconoce responsabilidad, no busca arrepentimiento, no ofrece reparación. Viola el orden más fundamental de la vida creada. Se le dice a Habacuc que Dios usará al ejército de Babilonia como “vara de mi [de Dios] ira” (Isaías 10:5, NVI). El castigo ocurrirá en tiempos de la vida de Habacuc (Habacuc 1:5). Toda esta situación plantea preguntas aún más difíciles acerca de la justicia divina.

 

¿Cómo podemos aprender a confiar en la bondad y la justicia de Dios cuando el mundo parece estar tan lleno de maldad e injusticia? ¿Cuál es nuestro único recurso?

 

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