NOTAS DE ELENA 2013Domingo 20 de enero:
La creación en Génesis 2
La primera semana, en la que Dios realizó su obra creadora en seis días y descansó en el séptimo, fue como cualquier otra semana. El gran Dios estableció este ciclo semanal como un ejemplo que habr-ía de seguir hasta el fin de los tiempos. En cada día Dios generó o produjo una nueva porción de su obra creadora y en el séptimo des-cansó de su labor, lo bendijo y lo apartó como día de descanso para el ser humano. Este ciclo semanal de siete días literales, seis para trabajar y el séptimo para descansar, que ha sido preservado me-diante la historia bíblica, se originó en los grandes eventos de los primeros siete días (Signs of the Times, 20 de marzo, 1879).
Entre los judíos se permitía que un hombre repudiase a su mujer por las ofensas más insignificantes, y ella quedaba en libertad para casarse otra vez. Esta costumbre era causa de mucha desgracia y pe-cado. En el Sermón del Monte, Jesús indicó claramente que el casa-miento no podía disolverse, excepto por infidelidad a los votos ma-trimoniales. “El que repudia a su mujer –dijo él- a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repu-diada, comete adulterio”.
Después, cuando los fariseos lo interrogaron acerca de la legali-dad del divorcio, Jesús dirigió la atención de sus oyentes hacia a ins-titución del matrimonio conforme se ordenó en la creación del mun-do. “Por la dureza de vuestro corazón –dijo él– Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres: mas al principio no fue así”. Se refirió a los días bienaventurados del Edén, cuando Dios declaró que todo “era bueno en gran manera”. Entonces tuvieron su origen dos insti-tuciones gemelas, para la gloria de Dios y en beneficio de la huma-nidad: el matrimonio y el sábado. Al unir Dios en matrimonio las manos de la santa pareja diciendo: “Dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”, dictó la ley del matrimonio para todos los hijos de Adán hasta el fin del tiempo. Lo que el mismo Padre eterno había considerado bueno era una ley que reportaba la más elevada bendición y progreso para los hom-bres.
Como todas las demás excelentes dádivas que Dios confió a la custodia de la humanidad, el matrimonio fue pervertido por el pe-cado; pero el propósito del evangelio es restablecer su pureza, y hermosura. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, se emplea el matrimonio para representar la unión tierna y sagrada que existe entre Cristo y su pueblo, los redimidos a quienes él adquirió al precio del Calvario. Dice: “No temas… porque tu marido tu Hacedor; Jehová de los ejércitos es su nombre; y tu Redentor, el Santo de Isra-el; Dios de toda la tierra será llamado”. “Convertíos, hijos rebeldes, dice Jehová, porque yo soy vuestro esposo”. En el Cantar de los Can-tares oímos decir a la voz de la novia: “Mi amado es mío, y yo suya”. Y el “señalado entre diez mil” dice a su escogida: “Tú eres hermosa, amiga mía, y en ti no hay mancha” (El discurso maestro de Jesucris-to, pp. 56, 57).

(643)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*