Domingo 23 de febrero – Devoción Matutina para Menores 2014 —  Más que un quitamanchas

«Pondré en ustedes un corazón nuevo y un espíritu nuevo» (Ezequiel 3 6: 26).

Jenny hurgó entre la ropa recién lavada hasta encontrar su blusa nueva.
La mancha de salsa de tomate, mayonesa y grasa aún era visible desde el borde del cuello hasta el pliegue de abajo. En el cumpleaños de Kari, Jenny y Jeff habían chocado en el pasillo, lanzándose cada uno la comida del otro encima. Ella se fue a casa a lavarse inmediatamente la blusa, pero la mancha se había aferrado fuertemente a las delicadas fibras de la tela. Desesperada, roció la parte manchada con un quitamanchas, pero sin resultado.
«Sea como sea — dijo Jenny mientras restregaba la blusa— , esta mancha no me va a ganar». Cuando se detuvo para ver cómo iba el proceso, la mancha parecía estar más clara. «La voy a restregar un poco más fuerte», pensó. Después de unos minutos, la tela se había roto. Adiós a su blusa. Ya no servía para nada. Tal vez remendándola podría seguir usándola para limpiar en casa, pero ya no para ocasiones especiales.
La blusa de Jenny estaba manchada con salsa de tomate y grasa, pero la Biblia dice que nuestro corazón está manchado con el pecado. Cuando aceptas a Jesús, él te da un corazón nuevo. Es posible que durante un tiempo lo mantengas impecablemente limpio, pero tarde o temprano chocarás con otras personas o quizá contigo mismo. Esos choques dejarán manchas por todo tu corazón. Tratarás de restregar esas horribles manchas, pero por mucho que lo intentes, se quedarán aferradas a la tela de tu corazón. De hecho, en vez de tener una sola gran mancha, ese corazón que una vez fue perfecto quedará raído y lleno de huecos.
Con desesperación, le dirás a Jesús: «Perdóname por haber arruinado el corazón que me diste. ¿Puedes repararlo, por favor?». El Creador de corazones perfectos niega con la cabeza. Ni siquiera él puede reparar un corazón destruido. Si la historia terminara ahí, todo estaría perdido. No habría esperanza.
Pero una sonrisa se dibuja en el rostro del Salvador mientras te entrega otro corazón completamente nuevo, perfecto y hermoso. El no repara uno imperfecto o defectuoso, sino que te regala uno nuevo, por el simple hecho de habérselo pedido.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2014
EN LA CIMA
Por: Kay D. Rizzo
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