jovenesPruébenme en esto […] y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde. Malaquías 3:10, NVI
Hace tiempo una compañera de trabajo me envió por correo electrónico el relato de un jovencito ciego que solía pedir limosnas en los escalones de un edificio. Cada día se le podía ver ahí, con su sombrero para recibir las monedas, y un cartel que decía: «Soy ciego. Por favor, una limosnita». Así transcurrían sus días, hasta que ocurrió un hecho interesante. Resulta que un hombre se le acercó y, después de colocar unas monedas en el sombrero, agarró el letrero y escribió unas palabras en la parte de atrás. Luego lo colocó de modo que la gente leyera el nuevo mensaje. Al poco rato el sombrero comenzó a llenarse de monedas con rapidez inusual.
Al final de la tarde el hombre que había escrito el nuevo mensaje regresó para ver qué tal iban las cosas. Entonces el joven ciego aprovechó para preguntarle.
—¿Qué hizo usted para que la gente me diera más dinero?
—Sencillamente cambié el letrero que usas para pedir ayuda.
—¿Y qué escribió?
—Escribí: «Este es un hermoso día, pero yo no puedo verlo».
¡Qué interesante! Ambos letreros solicitaban ayuda. Pero había una «pequeña» diferencia: el segundo mensaje recordaba a la gente la gran bendición que significa poder ver. Y este hecho nos enseña una gran lección: Deberíamos ser un poquito más agradecidos a Dios por el sinnúmero de bendiciones que cada día nos da; bendiciones que disfrutamos como si tuviéramos todo el derecho del mundo a ellas.
Al acercarnos al final de un año más, te pregunto: ¿Puedes ver la luz de un hermoso día? Si la respuesta es afirmativa, entonces agradece a Dios. ¿Puedes oír el canto de los pajarillos? ¿Hay comida en tu mesa? ¿Tienes familiares y amigos que te aprecian? ¿Puedes asistir al colegio, a la universidad? ¿Tienes un cuarto y una cama limpia dónde dormir?
Mi amigo, mi amiga, Dios nos ha rodeado de innumerables bendiciones este año. Más de las que podemos contar. ¿Qué tal si ahora mismo inclinas tu rostro y elevas una oración de gratitud a tu Padre celestial?
¡Gracias, Padre amado, porque durante este año me has colmado de tantas bendiciones!

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