mujerRespondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. (Juan 3:3).
Mi querida amiga, seguramente te habrás preguntado muchas veces, al igual que Nicodemo: «¿Cómo se puede realmente nacer de nuevo? ¿Qué implica ese nuevo nacimiento?».
Espero que estemos convencidas de la seriedad espiritual que esto encierra y de lo vital que es haber entendido que únicamente podemos nacer de nuevo cuando aceptamos de todo corazón a Jesucristo como nuestro Señor y bendito Salvador. Esa fe manifestada mediante el bautismo, es lo que conocemos como conversión. La misma es algo que nos lleva a través del agua y del Espíritu a contemplar el reino de Dios.
Ahora bien, es muy posible que algunas de nosotras hayamos bajado a las aguas bautismales sin entender del todo el profundo significado de ese acto, y que lo hayamos hecho sencillamente por cumplir un ritual. ¿Por qué el Señor estableció ese rito como un primer paso en la senda de la fe? Solo él conoce la respuesta precisa, pero lo que sí podemos ver es que cuando aceptamos la gracia salvadora de Jesús a través de su muerte expiatoria, él comienza a transformar todo nuestro ser y nuestro carácter mediante la obra de su Santo Espíritu. Nos lleva a ser creyentes cristianas y nos convierte en un testimonio vivo. Entonces experimentaremos un cambio en nuestra forma de pensar y de comportarnos: ahora actuaremos conforme a lo que creemos.
Según abandonamos la forma antigua de vivir, el Espíritu Santo comienza a implantar en nuestras vidas una nueva naturaleza, de acuerdo con nuestra fe. Ya no seremos las mismas personas. La semilla implantada por el Espíritu Santo en el momento del bautismo ha florecido y nos permite llevar los frutos del nuevo creyente. ¡Una nueva vida en Cristo Jesús!
Querido Padre, permíteme aceptar la gracia de Jesús para renacer como una nueva mujer

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