Domingo 4 de diciembre 2016 | Devoción Matutina para Damas 2016 | Agua a la vista


Señor, dame de esa agua, para que no vuelva yo a tener sed. La mujer samaritana

CUANDO LOS descubridores españoles del Nuevo Mundo llegaron por primera vez al Amazonas, no se dieron cuenta de que navegaban sobre agua dulce.
El paso del agua salada a la dulce era allí tan sutil, y el paisaje tan similar al del mar siendo como es el Amazonas el río más grande del mundo, que los navegantes creyeron que seguían rodeados de agua salada. Por eso no se les ocurrió beber.
Hallándose sobre la extensión de agua dulce más grande del mundo, muchos murieron de sed.*
Creo que esto se parece a lo que pasa en nuestros tiempos. Ciertas realidades de la vida nos atrapan con tal sutileza, se parecen tanto a lo que es correcto, bueno y verdadero, que nos impiden darnos cuenta de la Verdad, que es Jesús. Por ejemplo la ciencia, que, lamentablemente, nos conduce a eliminar a Dios de la ecuación.
O ciertas circunstancias de la vida que, por lo crueles que nos resultan, nos empujan también a creer que navegamos sobre aguas amargas, o dicho de otro modo, “si Dios existiera, no permitiría que nos sucediera lo que nos sucede”, pensamos.
La cuestión es que, mirando a nuestro alrededor, fijándonos en el paisaje, en lo que conocemos, en nuestros preconceptos o en lo que aprendemos de la ciencia, la filosofía y la cultura moderna, llegamos a perder de vista que estamos rodeados de la Fuente de la vida. Nos cuesta discernir la presencia de Dios cuando, paradójicamente, Dios se revela a través de las cosas más sencillas y cotidianas. Y, por eso, morimos de sed. O lo que es lo mismo, vivimos sedientas porque no logramos encontrar el verdadero propósito de la vida, el gozo de la carrera cristiana, la paz de Cristo en el corazón, la satisfacción de vivir por la fe …
Mi querida amiga, tú y yo estamos rodeadas de la Vida y del agua que quita la sed para siempre; solo que hemos de aprender a mirar. Dios está a nuestro alcance por medio de la oración, de su Palabra y de la hermandad cristiana. Para saciar la sed del alma, hemos de saber de qué fuentes beber diariamente.

“El que beba del agua que yo le daré, nunca volverá a tener sed. Porque el agua que yo le daré se convertirá en él en manantial de agua que brotará dándole vida eterna (Juan 4:14).

* Philip Yancey, Finding God in Unexpected Places (Michigan: Vine Books, 1997), p. x.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2016
Ante todo, cristiana
Por: MÓNICA DÍAZ
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