Pero el Señor estaba con José. Génesis 39:2

 Ya conoces la historia, pero hay detalles que vale la pena destacar. Veamos. José ha sido vendido como esclavo a Potifar, capitán de la guardia del faraón. Gracias a su fidelidad, José se gana la confianza de su amo. Pero resulta que mientras Potifar observa la eficiencia de José, su esposa está observando el cuerpo de José. La mujer entonces comienza a acosarlo sexualmente. Lo acosa tanto que José se ve obligado a ponerla en su lugar: «Mire usted […] en esta casa nadie es más que yo; mi amo no me ha negado nada, sino solo a usted, pues es su esposa; así que, ¿cómo podría yo hacer algo tan malo, y pecar contra Dios?» (Gen. 39:9). ¿Qué razones dio José para no acostarse con ella? Básicamente, tres:

 

  1. Hay reglas que mi amo Potifar ha establecido y que yo tengo que respetar.  Una de ellas es que aquí todo está bajo mi control, menos usted.
  2. No es correcto que yo enamore a una mujer casada.
  3. Al acostarme con usted estaré pecando contra Dios.

Si observamos de cerca estas tres razones, nos daremos cuenta de que se pueden organizar en tres niveles:

Cuando José dice «mi amo no me ha negado nada, sino solo a usted», está hablando de las reglas (normas, preceptos) que debía obedecer al hacer su trabajo.

Al decirle a la esposa de Potifar que él la respetará porque es una mujer casada, José está hablando de un principio eterno: «No cometerás adulterio».

Cuando José pregunta: «¿Cómo podría yo hacer algo tan malo, y pecar contra mi Dios?», está haciendo alusión a la Persona que dio el principio («no cometerás adulterio»). Esa Persona es, por supuesto, Dios.

¡Qué tremendo! José respetó las reglas de juego (los preceptos), respetó los principios que estaban involucrados, y, sobre todo, respetó a la Persona (Dios) cuyo carácter respalda todos los principios (Josh McDowelly Bob Hostetler, Rightfrom Wrang [Distinguir el bien del mal], p. 82).

Si permites que Dios sea la Persona más importante de tu vida, entonces te será más fácil ser fiel a sus principios y obedecer sus preceptos.

TRES PALABRAS PARA RECORDAR: PRECEPTOS, PRINCIPIOS, PERSONA

Señor, que mi motivación para hacer lo correcto sea siempre agradarte a ti.

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