«Nosotros mismos oímos esa voz que vino del cielo cuando estábamos con él en el monte santo» (2 Pedro 1:18,NVI).

Este año hemos subido a varias montañas, pero ninguna como esta. El monte del que Pedro está hablando en este versículo se llama Monte de la Transfiguración. Pedro estaba ahí y estaba más que asustado. Te cuento: Jesús había invitado a Pedro, Santiago y Juan a subir a este monte. Cuando estaban en la cima se les aparecieron Moisés y Elías, vieron a Jesús brillando con una gloria celestial y escucharon a Dios hablando desde el cielo. Yo creo que yo también me habría asustado.

Varias veces durante nuestra aventura de este año hemos hablado de nuestra amistad con Jesús. Él es sin duda nuestro mejor amigo, pero también debemos recordar que es un Dios asombroso. Por el solo hecho de caminar en una montaña ya la convierte en santa, y él puede hacer que nuestras vidas también lo sean. Él quiere que seas un ejemplo para que todos vean lo que Dios puede hacer con un niño o niña como tú.

La única manera de poder convertirnos en esa clase de ejemplo es estar con Jesús como lo estuvieron Pedro, Santiago y Juan en el monte santo. Todo lo que Jesús toca se vuelve santo. Pídele que haga también de tu vida un ejemplo santo

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