Escuela Sabática Jóvenes | Domingo 1 de julio del 2018 | Preparados… listos… ¡esperen!

DOMINGO 1° JULIO
PREPARADOS… LISTOS… ¡ESPEREN!
Logos – Hech. 1:6,7; Luc. 24:25.
EXPECTATIVA Y CHASCO (GÉN. 3:15; LUC. 24:19-21)
Desde la promesa en el Jardín del Edén (Gén. 3:15), el pueblo de Dios había estado esperando un Redentor. Registraron cuidadosamente cada nacimiento, y les era sencillo rastrear la ascendencia de alguien hasta llegar a las doce tribus, a Abraham, o Incluso a Adán. Cada mujer ansiaba dar a luz a un varón que pudiera llegar a ser el Mesías.
Sin embargo, con el paso del tiempo, las naciones de la Tierra crecieron, y el pueblo de Dios fue más y más oprimido. Esto hizo que Israel perdiera de vista la promesa original y comenzara a esperar a alguien que restaurara un reino terrenal. Así estaba el ambiente en los días en que Jesús nadó: los judíos esperaban a alguien que los liberara de sus opresores políticos, no de sus pecados. Jesús pasó tres años ministrando con sus discípulos, tratando de aclarar ese concepto erróneo.
Aun así, vemos en Lucas 24:19 al 21 que los discípulos todavía querían un reino terrenal restaurado. En el camino a Emaús, dos discípulos contaron al hombre desconocido que caminaba con ellos todo lo que sabían sobre Jesús. Le refirieron de sus acciones y palabras, pero también de su crucifixión. Y del chasco que sentían porque habían abrigado ‘la esperanza de que era él quien redimiría a Israel’. Imagina el chasco cuando este hombre, en quien habían puesto todas sus esperanzas, fue entregado para ser crucificado.

TORPES (LUC. 24:25)
No obstante, en lugar de consolarlos, Jesús los llama torpes y tardos de corazón para creer. Parece un poco duro que Jesús regañara a alguien por no entender algo. Por eso, es importante notar que Jesús no dice que tienen dificultades para entender… sino para creer. Esto queda claro en el siguiente versículo, cuando les hace la pregunta más importante: ¿Acaso no tenía que sufrir el Cristo estas cosas…?’ (Luc. 24:26). Como Jesús ya les había explicado estas cosas una y otra vez a lo largo de su ministerio, la respuesta obvia era: “Por supuesto”; pero ellos no contestaron nada.
Jesús, entonces, procede a repasar todas las profecías sobre el Mesías que se encuentran en la Biblia, señalando que habían predicho su persecución y muerte. Estos hombres no estaban confundidos por las profecías: Jesús había pasado tanto tiempo con ellos que era casi imposible que confundieran la misión del Mesías. Lo único que los hizo torpes era cuánto se aferraban a sus propias ideas, en lugar de creer en las promesas de la Biblia.

TESTIGOS (LUC. 24:30, 31. 34)
Recién cuando llegan a su destino y Jesús parte el pan con ellos, sus ojos son abiertos y finalmente comprenden lo que está sucediendo (Luc. 24:30,31). A estas alturas, no solo entienden, sino también creen y, emocionados, van aprisa a compartir con los demás que “de veras ha resucitado el Señor’ (Luc. 24:34, DHH).
Mientras sucede todo esto, Jesús aparece ante todos los discípulos y les vuelve a explicar las profecías sobre el Cristo, y cómo tenía que sufrir y morir, y levantarse de entre los muertos. Luego les explica que tienen que ser sus testigos y compartir lo que han visto y entendido; con todos, no solo con los judíos.

RESTAURACIÓN (HECH. 1:6.7; LUC. 24:49, 49)
El único problema es que los discípulos, que ahora están dispuestos a correr y contar al mundo las buenas nuevas, reciben la indicación de esperar: “Ahora voy a enviarles lo que ha prometido mi Padre; pero ustedes quédense en la ciudad hasta que sean revestidos del poder de lo alto” (Luc. 24:49). Y allí están, en el Monte de los Olivos, listos para su ascensión. Han aprendido a los pies de Jesús durante tres años. Han visto sus milagros. Han escuchado sus palabras. Finalmente, entienden y creen las profecías. Están listos para contar al mundo sobre la reconstrucción espiritual (y no una rebelión política) que Jesús vino a implementar. Y justo cuando se están alistando para comenzar la carrera, básicamente, Jesús les dice: “Preparados… Listos… ¡Esperen!”
Ellos tienen noticias maravillosas para compartir con el mundo: la verdad sobre la misión del Mesías y la restauración de Israel. Pero Jesús les dice que necesitan más preparación. Su fuerza humana no bastará para una tarea tan monumental. Antes de salir al mundo y hacer todas las cosas que tendrán que hacer, deben recibir el derramamiento del Espíritu Santo.

Lecciones de Escuela Sabática para Jóvenes
Esta semana:
Lección 1: Me seréis testigos
Para el 7 de julio del 2018
Lecciones de Escuela Sabática – Tercer trimestre 2018
EL LIBRO DE HECHOS

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