Introducción | El libro de Mateo | Escuela Sabática | Segundo trimestre 2016
INTRODUCCIÓN
EL LIBRO DE MATEO
En el momento de su nacimiento en Winchester, Massachusetts, EE.UU., el cordón umbilical de Rick Hoyt lo ahorcó, lo que dañó su cerebro y lo dejó sin el control de sus miembros. Meses más tarde, los médicos le dijeron a la familia Hoyt que Rick viviría en un estado vegetativo por el resto de su vida y que debían internarlo en alguna institución.
“Pero los Hoyt no creyeron eso”, escribió Rick Reilly en un perfil de la familia para la revista Sports Illustrated (20 de junio de 2005). “Ellos notaron la forma en que los ojos de Rick los seguían por la habitación. Cuando Rick tenía once años, lo llevaron al departamento de Ingeniería de la Universidad Tufts, y preguntaron si había algo que podría ayudar al muchacho a comunicarse.
“ ‘No hay nada’, cuenta Dick Hoyt que le respondieron. ‘No pasa nada en su cerebro’.
“ ‘Cuéntele un chiste’, replicó Dick, y así lo hicieron. Rick se rio. Había muchas cosas que pasaban por su cerebro”.
Entonces, lo vincularon a “una computadora que le permitía controlar el cursor tocando un interruptor con el costado de su cabeza. Rick finalmente podía comunicarse” con otros. Esta tecnología le permitió comenzar una vida nueva. Y esa vida nueva incluyó, entre otras cosas, que su padre empujó su silla de ruedas en un maratón de caridad. Después de la carrera, Rick escribió:
“Papá, cuando estábamos corriendo, sentía como si no estuviera incapacitado”.
Dick decidió que le daría a Rick ese sentimiento tan a menudo como pudiera.
Cuatro años más tarde, corrieron juntos el maratón de Boston. Luego, alguien sugirió el triatlón, y desde entonces los dos han participado en centenares de eventos atléticos, con su padre empujándolo o tirando de él. “No hay dudas”, deletreó Rick, “mi padre es el ‘Padre del Siglo’ ”.
Tenemos mucho en común con Rick Hoyt, porque también tenemos un Padre que nos ama –aún más de lo que Dick Hoyt ama a Rick–, nos cuida y estuvo dispuesto a sacrificarse por nosotros.
La tragedia y los efectos debilitadores del pecado hacen que todos estemos paralizados, así como lo está Rick. Con nuestras propias fuerzas, la vida que vivimos no es, ni de cerca, la vida que estábamos destinados a vivir. Por mucho que tratemos, nunca podremos mejorar lo suficiente como para ser salvos. “La condición en que el pecado nos ha colocado es antinatural, y el poder que nos restaure debe ser sobrenatural o no tiene valor alguno” (MC 335). Debemos ser salvos desde fuera de nosotros mismos, pues, a esta altura, es obvio que no podemos salvarnos a nosotros mismos.
Por esta razón la gente, a veces, ha mirado al cielo nocturno buscando ayuda fuera de sí misma: un Libertador. Nuestros antepasados espirituales, los israelitas, tenían un nombre para este Libertador esperado: el Hijo de David, a quien conocemos como Jesús de Nazaret.
Y una versión inspirada de la historia de Jesús se nos entrega en el Evangelio según Mateo, nuestro tema para el trimestre. Mateo, un judío creyente en Jesús y uno de los discípulos originales del Salvador, repasa la historia de Jesús desde su propia perspectiva, inspirada por el Espíritu. Aunque –al igual que los evangelios de Marcos, de Lucas y de Juan– el tema del Evangelio de Mateo es la encarnación, la vida, la muerte, la resurrección y la ascensión de Jesús, Mateo se concentra especialmente en el hecho de que Jesús es el Mesías prometido.
Él quería que sus lectores supieran que la redención de Israel había de encontrarse en Jesús, aquel de quien hablaron los profetas y a quien señalaban todos los tipos del Antiguo Testamento.
Aunque su audiencia era mayormente judía, su mensaje de esperanza y redención nos habla también a nosotros: un pueblo que, como Rick Hoyt, necesita a Alguien que haga por nosotros lo que nunca podríamos hacer nosotros mismos.
Y Mateo cuenta la historia de Jesús, haciendo precisamente eso.
Andy Nash, Ph. D., es profesor y pastor en la Universidad Adventista del Sur, en Collegedale, Tennessee, Estados Unidos. Es autor de varios libros, como The Haystacks Church y The Book of Matthew: “Save Us Now, Son of David”, entre otros.

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