Jueves 1 de diciembre 2016 | Devoción Matutina para Damas 2016 | Tiempo para los abrazos


Un abrazo reconforta tanto no por ser abrazo, sino porque nos demuestra que no estamos solos. Luis Gabriel Carrillo Navas

VENETA LEONARD tuvo ocho hijos en menos de nueve años, así que te podrás imaginar cuán ocupada ha estado desde entonces. Encontrar tiempo para las cosas más sencillas era para ella una odisea. Un día se dio cuenta de que tendría que dejar algo de lado para poder demostrarles a sus hijos que ellos eran su prioridad. Esta revelación le llegó mientras revisaba las mochilas de sus tres niños mayores que acababan de llegar de la escuela.

Un papel salió de una de las mochilas, y en él Veneta descubrió que su hijo mayor había sido nombrado “Alumno estrella de la semana”. Con el cargo le habían hecho también un encargo: hablar un poco de sí mismo. Veneta comenzó a leer lo que su hijo había escrito. Todo iba muy bien, excelentes palabras sobre su familia, sus sueños, su futuro… hasta la sección del final, titulada “Una cosa que me gustaría cambiar”. El corazón de esta madre comenzó a latir con fuerza cuando leyó las palabras de su niño de nueve años: “Cambiaría las tareas de mi madre para que tuviera más tiempo de darme abrazos”.*

Ponte en el lugar de tu hijo por un momento.

Su papá y su mamá tienen que salir todos los días a trabajar y, el poco tiempo que están en casa, están centrados en ajetreadas actividades: cocinar, limpiar, lavar el auto, pagar facturas, hacer llamadas… Para una madre ocupada y estresada, eso no solo es lo más normal de la vida, sino que además se siente realizada por estar cumpliendo la principal responsabilidad de suplir las necesidades más inmediatas. Pero ¿y la necesidad de los niños de recibir abrazos?

¿Te has detenido a pensar en las cosas a las que deben renunciar tus hijos por tus múltiples obligaciones? ¿Qué te parecería buscar la manera de que no tuvieran que privarse más que de lo estrictamente imprescindible? Desde luego abrazarlos, jugar con ellos, hablarles de sus cosas, escucharlos, acompañarlos, consolarlos, dedicarles tiempo de calidad, debiera resultar tan imprescindible para ellos como para ti. Es de este modo como se crean lazos que duraran toda la vida; es de este modo como se les hace sentir especiales, queridos, necesarios y únicos para su mamá.

“Enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos” (Tit. 2:4, RV95).

* Relato escrito por Veneta Leonard en Life Lessons for Busy Morris (Florida: Health Communications, Inc., 2007), pp. 29,30.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2016

Ante todo, cristiana

Por: MÓNICA DÍAZ

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