Jueves 1 de septiembre 2016 | Devoción Matutina para Damas 2016 | Vasijas de barro


Hay dos cosas que no podemos hacer solos: una es casamos; la otra, ser cristianos. Paul Toumier

Benjamín Franklin, considerado uno de los padres fundadores de los Estados Unidos, confesó que, durante una etapa de su vida, se propuso alcanzar la perfección moral. “Deseaba vivir sin cometer ninguna clase de pecado”, afirmó, e hizo una lista de las trece virtudes cristianas que esperaba encarnar completamente. Se propuso la interesante meta de adquirir una por semana. En su diario iba marcando con un punto cada fracaso que experimentaba al practicar esas virtudes. Tras intentarlo arduamente, por fin tuvo que admitir: “Me sorprendió descubrir que cometía más pecados de los que había imaginado”.* Si nuestra vida cristiana se reduce al cumplimiento de normas morales con miras a la perfección, te puedo garantizar que terminaremos haciendo el mismo descubrimiento que Franklin. Simplemente, no se puede.
Ya no podemos alcanzar la perfección, quedó fuera de nuestro alcance en el Edén. Y precisamente por eso Jesús vino a vivir una vida perfecta, para que nosotras podamos descansar en sus méritos. Nuestra vida de fe se basa en una relación con él. Nuestros defectos, nuestras luchas, nuestros pecados, nos recuerdan precisamente eso, que le necesitamos, que dependemos de él para crecer, para mejorar, para ser transformadas a su imagen, aunque sea tal vez el proceso de toda una vida. Si pudiéramos ser perfectas por nosotras mismas, ¿para qué le necesitaríamos a él? Y, por cierto, también nos necesitamos las unas a las otras para apoyamos, animarnos, ayudamos a parecemos cada vez más a él.
Soy completamente consciente de que me quedo corta en eso de ser perfecta. Gracias a Dios que él sabe que soy una vasija de barro y, sin embargo, ha puesto en mí gran confianza y responsabilidad… La cuestión es: ¿Reconozco yo mis limitaciones? ¿Sé que no puedo ser perfecta? Saberlo y reconocerlo es el primer paso para un dependencia total de Dios y un alejamiento de todo intento de salvación por obras.
En lugar de desanimamos por nuestros errores y pecados, veámoslos como el aguijón que nos recuerda constantemente nuestra necesidad de una relación con Dios, que nos ha prometido perdonamos e ir transformándonos poco a poco.

“Somos como frágiles vasijas de barro que contienen este gran tesoro. Esto deja bien claro que nuestro gran poder proviene de Dios, no de nosotros” (2 Cor. 4:7, NTV).

* Scot McKnight, The Jesús Creed (Massachusetts: Paraclete Press, 2001), pp. 183, 184.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2016
Ante todo, cristiana
Por: MÓNICA DÍAZ
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