Jueves 10 de abril – Devoción Matutina para Menores 2014 — El premio de Joey

«No dejen de amarse» (Hebreos 13: 1).

John Cappelletti, estudiante de la Universidad de Pensilvania, acababa de ganar el codiciado trofeo Heisman al mejor jugador de fútbol americano universitario de Estados Unidos. Junto al resto de su familia, John asistió a una comida homenaje en el hotel Hilton de Nueva York. El salón, con capacidad para cuatro mil personas, estaba repleto de amigos y fans, todos brindando por su logro.
Tras aceptar el trofeo de bronce de veinticinco kilogramos, John miró a su familia en señal de reconocimiento. Joey, el más joven de la casa, era el invitado sorpresa. Había estado muy enfermo y postrado en cama hasta aquel día. Cuando se enteró de que su hermano mayor había ganado el premio, insistió en que quería asistir a la ceremonia. Su rostro resplandecía de orgullo, y se acomodó para escuchar el discurso de su hermano. John ajustó el micrófono.
Había preparado un discurso, pero a última hora lo cambió. «Quiero dedicar este trofeo a muchas personas, pero especialmente a Joey, el miembro más joven de mi familia. Tiene leucemia —dijo John pausadamente—. Yo lucho solamente en el campo de juego durante la temporada, pero él lucha todo el año.
Creo que este trofeo es más suyo que mío, porque él ha sido una verdadera inspiración para mí».
John entregó a su hermano el trofeo y se sentó. En el salón reinó un silencio sepulcral. Entonces, alguien comenzó a aplaudir, y los aplausos se convirtieron en una ovación de pie. Joey estaba muy emocionado, y le susurró a su padre al oído:
—¿Quiere decir que me regaló el trofeo? Pero este trofeo es de él.
El señor Cappelletti puso su mano sobre el hombro de su hijo, y le dijo: —Tu hermano quiere que tú lo tengas.
Al arzobispo Fulton J. Sheen, que debía pedir la bendición final, dijo: «Es posible que esta sea la primera vez en su vida que ustedes escuchan un discurso salido del corazón, y no de los labios. […] Ya no es necesario que yo pida la bendición. Dios nos bendijo con John y su hermano».
Era la noche de John; su momento de gloria; el mayor triunfo de su carrera como jugador. Pero por amor, entregó la noche y el trofeo a su valiente hermano. Un verdadero ejemplo.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2014
EN LA CIMA
Por: Kay D. Rizzo
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