Jueves 13 de febrero – Devoción Matutina para Adultos 2014 – La centralidad de la puerta cerrada

Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco. Mateo 25:10-12.

Algunos símbolos bíblicos adquieren más de un significado a través del tiempo. Así fue con el de la puerta cerrada en el adventismo posmillerita, durante la última parte de la década de 1840.
Anteriormente, vimos que ya en 1836 Miller había considerado la puerta cerrada de Mateo 25:10 como el fin del tiempo de prueba para la humanidad. Es decir, antes de que Cristo venga, todo ser humano habrá tomado una decisión a favor o en contra de él.
Desde que Miller asoció la Segunda Venida con la fecha de octubre de 1844, sostuvo que el tiempo de prueba concluiría antes de esa fecha. Continuó sosteniendo esa opinión después del chasco de octubre. El 18 de noviembre de 1844, por ejemplo, escribió que “hemos [terminado] nuestra obra de advertir a los pecadores […]. Dios, en su providencia, ha cerrado la puerta; solo podemos estimularnos mutuamente a ser pacientes”.
Pero, ese no era el único punto de vista sobre los acontecimientos confusos del otoño de 1844. J. V. Himes, por ejemplo, ya el 5 de noviembre había concluido que no se había cumplido ninguna profecía en octubre de 1844. Y si así fuese, la puerta del tiempo de prueba no se había cerrado. Por lo tanto, el pueblo de Dios todavía necesitaba dar el mensaje de salvación.
Por más extraño que nos parezca esto hoy, fueron las diferentes interpretaciones de la puerta cerrada lo que separó las diversas corrientes del adventismo en 1845 y más adelante. Con el fin de comprender las controversias, es importante ser conscientes de que, para comienzos de 1845, la frase “la puerta cerrada” había asumido dos significados:
(1) El fin del tiempo de prueba;
(2) Que la profecía se había cumplido en octubre de 1844.
Con ese reconocimiento en mente, podemos pensar en los adventistas de Albany que seguían a Himes como los “adventistas de la puerta abierta”, y en los espiritualizadores fanáticos y en los sabatarios en formación como los “adventistas de la puerta cerrada”.
Jaime White estaba tan empeñado en el hecho de que la profecía se había cumplido al final de los 2.300 días que llegó a caracterizar a los sabatarios como “el pueblo de la puerta cerrada del séptimo día”. (Podemos estar agradecidos de que el nombre no haya quedado…)
Mientras tanto, la tarea teológica de los sabatarios, a fines de la década de 1840, fue separarse de sus primos fanáticos en el sector de la puerta cerrada del adventismo. Eso solo pudo ocurrir mediante un mayor estudio de la Biblia y mediante la conducción de Dios.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2014
A MENOS QUE OLVIDEMOS
Por: George R. Knight
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