«Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando» (Juan 15:14).

 Para que una vida sea cristiana tiene que ser de obediencia; no solo en los aspectos en que estamos de acuerdo, sino en todos. Aunque no practico ningún deporte, sé que los jugadores se toman muy en serio lo que les dice el entrenador. Los medallistas olímpicos tienen entrenadores que les dicen qué tienen que hacer. Muchos opinan que en el terreno de la fe y la moral todo vale mientras se haga con sinceridad. Sin embargo, los medallistas olímpicos, además de sinceros, son disciplinados y están comprometidos. Sorprende que, en la vida cristiana, tengamos problemas con una palabra que nos haría vencedores. Ya sea en una campaña militar o en la fase eliminatoria de una competencia deportiva, la palabra ganadora es «obediencia».

Hace algunos años, a mi esposa y a mí nos invitaron a hablar en un centro para militares adventistas ubicado en Frankfurt, Alemania. El fin de semana fue muy agradable y me sorprendió el compromiso de nuestros jóvenes con Dios y con su país.

Un joven soldado me dijo que el ejército no hace excepciones en lo que a la obediencia se refiere. Me comentó que los oficiales disciplinan a cualquier soldado que pise el césped cuando un cartel lo prohíbe. Le pregunté por qué pensaba que los oficiales eran tan estrictos. Me explicó que, en el campo de batalla, la propia vida y la de los demás dependen de si se obedecen o no las órdenes. Por tanto, la formación de un soldado, además del aprendizaje de ciertas habilidades, incluye la obediencia; cosa harto importante.

Una de las principales razones por las que la gente no consigue vencer en la vida cristiana es que, de un modo u otro, es hostil a la idea de obedecer. Imagine la situación ridícula de una formación militar en la que el sargento dice a los soldados que es absolutamente necesario que obedezcan las órdenes que se les dan y un recluta, levantando la mano, le replica: «Señor, eso es legalismo». Al momento se encontraría aprendiendo cómo se hacen cien flexiones.

Jesús dijo: «Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor» (Juan 15:10). Basado en Juan 15:10

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