Desde el corazonEl que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. 2 Corintios 9:6.

La generosidad es uno de los impulsos del Espíritu Santo, y cuando el pueblo profeso de Dios retiene del Señor sus propios dones y ofrendas, encuentra perdida espiritual… Sería mucho mejor no dar nada que dar de mala gana, porque cuando compartimos nuestros recursos sin la intención de dar voluntariamente, nos burlarnos de Dios. Recordemos que estamos tratando con Alguien de quien dependemos para recibir toda bendición; con Alguien que lee cada pensamiento de nuestro corazón y hasta los propósitos de la mente. El apóstol Pablo tenía una obra especial que presentar ante sus hermanos corintios. Había una hambruna en Jerusalén, y los discípulos, “cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea” (Hech. 11:29). Presentaron la necesidad a las iglesias, esperando recibir una suma pequeña para enviar socorro a los santos necesitados; y en oración presentaron a Dios la necesidad.

Pero los creyentes de Macedonia, movidos por el Espíritu de Dios, primero se consagraron a sí mismos a Dios, y entonces dieron todo lo que tenían. Sintieron que era un privilegio darle expresión a su confianza en Dios. Los creyentes macedonios eran pobres, pero no tuvieron que insistirles para que dieran. Se alegraron de tener la oportunidad de contribuir con sus medios. Por sí mismos se adelantaron e hicieron la ofrenda, en su sencillez semejante a la de Cristo, su integridad y su amor por sus hermanos, negándose a sí mismos alimentos y ropas, en el caso de los que no tenían dinero. Y cuando los apóstoles quisieron restringirlos, les rogaron que recibieran la contribución y la llevaran a los santos afligidos. Esta negación propia y sacrificio superó con creces las expectativas de Pablo, y él quedó lleno de gratitud. Y al llenarse de ánimo por este ejemplo, él exhortó a Tito, por medio de una epístola, a que estimulara a la iglesia en Corinto a las mismas buenas obras…

“Exhortamos a Tito para que tal como comenzó antes, asimismo acabe también entre vosotros esta obra de gracia. Por tanto, como en todo abundáis, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, abundad también en esta gracia” (2 Cor. 8:6, 7). Ese movimiento por parte de los macedonios fue inspirado por Dios para despertar en la iglesia de Corinto el espíritu de generosidad -Review and Herald, 15 de mayo de 1900; parcialmente en Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 210.

 MEDITACIONES MATINALES PARA ADULTOS 2013

DESDE EL CORAZÓN

Por: Elena G. de White

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