Jueves 15 de mayo – Devoción Matutina para Menores 2014 — La tierra prometida

«Murieron sin haber recibido las cosas que Dios había prometido; pero como tenían fe, las vieron de lejos, y las saludaron reconociéndose a sí mismos como extranjeros de paso por este mundo. […] Si hubieran estado pensando en la tierra de donde salieron, bien podrían haber regresado allá; pero ellos deseaban una patria mejor, es decir, la patria celestial» (Hebreos 11: 13-16).

¿Te imaginas cómo sería abandonar tu hogar sabiendo que probablemente nunca regresarás a él?
Parecía que todos los habitantes de Amantea, en Italia, hubieran ido a la estación de tren para despedirse- Frank, de dieciséis años, se abrió camino entre la multitud que le deseaba buen viaje. Recibió fuertes abrazos de los hombres y dulces besos de las mujeres. Hasta aquel día, aquellas personas habían sido toda su vida. Sentía tristeza al dejar atrás a la gente que amaba y, sin embargo, estaba muy emocionado por la aventura que se presentaba ante él. Abandonaba su patria, Italia, para viajar a América, la tierra prometida.
Frank no soñaba con enriquecerse. Había oído ridículas historias acerca de que en América había oro en las calles y el dinero crecía en los árboles.
Sin embargo, él conocía la realidad. En las cartas que escribía, su hermano Pasquale le había hablado del trabajo duro, los prejuicios infundados y la avaricia.
Aun así, era un país en el que, con trabajo duro y determinación, se podía lograr que los sueños se hicieran realidad.
Subió a bordo del tren que lo llevaría hasta el bullicioso puerto de Nápoles, al noroeste de Italia. Sacó la cabeza por la ventanilla, se despidió moviendo la mano y lanzó besos a su familia y amigos mientras sonaba el silbato del tren.
El cegador humo del gigante motor de vapor le cubrió la cara, dándole una buena excusa para secarse las lágrimas. Los siguientes días transcurrieron entre un remolino de colores intensos, extraños olores y soledad. Leyó una y otra vez las cartas que su hermano había enviado desde América. Sin las palabras de ánimo de Pasquale, lo más seguro es que Frank se hubiese dado la vuelta y hubiera regresado a casa.
Tú y yo somos viajeros deseosos de llegar a nuestro hogar celestial. En ocasiones, parece más un sueño que un lugar real. Es como intentar imaginarse cómo es Disneyland sin haber estado nunca allí. Por este motivo, nuestro
Padre celestial nos ha enviado cartas (la Biblia) para darnos ánimo y recordarnos que la tierra nueva merece el sacrificio.
(Continuará)

DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2014
EN LA CIMA
Por: Kay D. Rizzo
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