NOTAS DE ELENA 2013

Jueves 17 de enero:
El día literal
Así como el sábado, la semana se originó al tiempo de la creación, y fue conservada y transmitida a nosotros a través de la historia bíblica. Dios mismo dio la primera semana como modelo de las sub-siguientes hasta el fin de los tiempos. Como las demás, consistió en siete días literales. Se emplearon seis días en la obra de la creación; y en el séptimo, Dios reposó y luego bendijo ese día y lo puso aparte como día de descanso para el hombre.

En la ley dada en el Sinaí, Dios reconoció la semana y los hechos sobre los cuales se funda. Después de dar el mandamiento: “Acuér-date de santificar el día de sábado” (Éxodo 20:8, V. Torres Amat), y después de estipular lo que debe hacerse durante los seis días, y lo que no debe hacerse el día séptimo, manifiesta la razón por la cual ha de observarse así la semana, recordándonos su propio ejemplo: “Por cuanto el Señor en seis días hizo el cielo, y la tierra, y el mar, y todas las cosas que hay en ellos, y descansó en el día séptimo: por es-to bendijo el Señor el día sábado, y le santificó” (versículo 11). Esta razón resulta plausible cuando entendemos que los días de la crea-ción son literales. Los primeros seis días de la semana fueron dados al hombre para su trabajo, porque Dios empleó el mismo período de la primera semana en la obra de la creación. En el día séptimo el hombre ha de abstenerse de trabajar, en memoria del reposo del Creador (Patriarcas y profetas, p. 102).

El ciclo semanal de siete días literales, seis para trabajar y el séptimo para descansar, preservado y trasmitido mediante la histo-ria bíblica, tuvo su origen en los grandes acontecimientos de los pri-meros siete días…
Pero la suposición infiel que pretende que los acontecimientos de la primera semana requirieron siete períodos largos y de duración indefinida, atenta directamente contra el fundamento del sábado del cuarto mandamiento. Hace oscuro e indefinido aquello que Dios hizo sumamente claro…

Los geólogos infieles aseguran que el mundo es mucho más anti-guo de lo que el registro bíblico indica. Rechazan el testimonio de la Biblia, debido a que contiene elementos que, para ellos, no son evi-dencias tomadas de la misma tierra, de que el mundo ha existido du-rante decenas de miles de años. Y muchos que profesan creer la his-toria bíblica se desconciertan porque no pueden dar razón acerca de cosas maravillosas que encuentran en la tierra, observadas desde el punto de vista de que la semana de la creación tuvo solamente siete días literales, y que el mundo actualmente no tiene sino alrededor de seis mil años de edad…

Sin la historia de la Biblia, la geología no puede probar nada. Las reliquias que se encuentran en la tierra dan evidencia de un estado pasado de cosas, que difiere en muchos respectos del presente. Pero la época de su existencia y la extensión del período durante el cual estas cosas han estado en la tierra, se pueden comprender únicamen-te mediante la historia bíblica… Cuando los seres humanos no toman en cuenta la Palabra de Dios con respecto a la historia de la creación, y tratan de explicar la obra creadora del Señor mediante la aplicación de principios naturales, se aventuran en un océano ilimitado de in-certidumbre. De qué manera realizó Dios la obra de la creación en seis días literales, es algo que nunca ha revelado a los mortales. Su obra creadora es tan incomprensible como su existencia (Exaltad a Jesús, p. 46).

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