FOLLETO NOTAS DE ELENA - TERCER TRIMESTRE 2013Jueves 18 de julio: La Palabra: Guardiana y salvaguardia del reavivamiento

En favor de los creyentes de Éfeso, el apóstol rogó así: “Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os conceda espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él; siendo iluminados los ojos de vuestro entendimiento, para que conozcáis cuál sea la esperanza de Vuestra vocación […], y cuál la soberana grandeza de su poder para con nosotros que creemos” (Efesios 1:17-19, V.M.). Que el ministerio del Espíritu divino iluminara el entendimiento y revelara a la mente las cosas profundas de la santa Palabra de Dios, tal era la bendición que San Pablo pedía para la iglesia de Éfeso (El conflicto de los siglos, p. 11).

En la actualidad hay tantos que ignoran la obra del Espíritu Santo en el corazón como los creyentes de Éfeso; sin embargo, no hay verdad que sea enseñada con más claridad en la Palabra de Dios. Los profetas y los apóstoles se han espaciado en este tema.

Cristo mismo llama nuestra atención al desarrollo del reino vegetal para ilustrar la operación de su Espíritu al sostener la vida espiritual. La savia de la vid que asciende desde las raíces se extiende por todas las ramas para producir crecimiento, flores y frutos. Del mismo modo el poder vivificador del Espíritu Santo, que procede del Salvador, invade el alma, renueva los motivos y los afectos e incluso somete los pensamientos a la obediencia de la voluntad de Dios, capacitando al que lo recibe a dar preciosos frutos manifestados en actos santificados.

El autor de esta vida espiritual es invisible, y está más allá del poder de la filosofía humana explicar mediante qué métodos se imparte esta vida y se la sostiene. No obstante, la obra del Espíritu está siempre en armonía con la Palabra escrita. Lo que ocurre en el mundo natural acontece también en el espiritual. El poder divino sostiene a cada momento la vida natural; no obstante, ello no ocurre debido a un milagro directo, sino mediante la aplicación de las bendiciones puestas a nuestro alcance. Del mismo modo la vida espiritual se sostiene mediante el empleo de los medios proporcionados por la Providencia. Si el seguidor de Cristo ha de crecer “hasta […] un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13), debe alimentarse con el pan de vida y beber el agua de la salvación (Cada día con Dios, p. 252).

¡Cuán fervorosamente debiéramos investigar la Palabra de Dios! Es nuestra única guía segura; nuestra única salvaguardia.

El evangelio es capaz de hacemos sabios para la salvación. No es incomprensible ni está más allá de nuestro entendimiento; por el contrario, sus claras e inspiradas declaraciones simplifican los problemas perplejos de la vida, e iluminan a cada creyente con los brillantes rayos de la sabiduría celestial. Siendo que le espera tan grande recompensa al que investiga con fervor la Palabra de Dios, ¿no deberíamos hacer todo esfuerzo posible por conocer los planes de Dios y cumplir su propósito de difundir la luz de la verdad? […]. Aquellos que son llamados a predicar el evangelio, no deben ser simplemente predicadores; deben ser maestros y educadores que investigan debajo de la superficie, porque saben que son los instrumentos que Dios ha designado para llevar la salvación a los perdidos. Los siervos de Dios tienen una obra solemne que realizar, y debieran comprender las condiciones bajo las cuales son aceptados para servir al Redentor crucificado (Review and Herald, 24 de marzo de 1891).

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