02 Folleto Escuela Sabática 3er. Trimestre 2013Jueves 19 de septiembre

DEL RENCOR A LA RESTAURACIÓN

Lee Mateo  18:15  al 17.  ¿Qué  tres  pasos  nos  presenta Jesús  para  que resolvamos conflictos cuando otro miembro de la iglesia nos hace  daño?

¿Cómo hemos de aplicar  estas  palabras en nuestras situaciones actuales?

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El deseo  de Jesús, en Mateo 18, es mantener  el conflicto en un grupo tan pequeño como sea posible. Su intención es que las dos personas involucradas resuelvan ellas mismas su problema.  Por esto, Jesús declara: “Si tu hermano peca  contra ti, ve y repréndelo  estando  tú y él solos” (Mat. 18:15). Al ampliar el número de personas involucradas en el conflicto, se crea más contienda.  La gente toma posiciones, y se definen las líneas de batalla. Pero, si los cristianos procuran  resolver sus diferencias en forma privada, con un espíritu de amor y comprensión mutuos, se crea un clima de reconciliación. El Espíritu Santo obra en ellos mismos mientras procuran resolver sus diferencias.

Hay ocasiones cuando  las apelaciones personales para resolver el conflicto son ineficaces. En estos casos, Jesús nos invita a tomar a una o dos personas con nosotros. Este segundo paso debe seguir siempre al primero. El propósito es que las dos personas se unan en vez de separarse más. El ofendido lleva a dos personas que van con amor cristiano, como consejeros y compañeros de oración, para reunir a las dos personas separadas.

A veces, todos los intentos de resolver el problema  no sirven. En este caso, Jesús nos instruye que llevemos el problema  ante la iglesia. No dice que se interrumpa la reunión del sábado  de mañana  por un conflicto personal. El lugar apropiado para plantear el problema, si los dos primeros pasos no tuvieron éxito, es la Junta Directiva de la iglesia. Otra vez, el propósito de Cristo es la reconciliación. No es echar la culpa a una parte y exonerar a la otra.

“No permitáis que el resentimiento madure hasta convertirse en malignidad. No dejéis que la herida se infecte y reviente en palabras envenenadas, que contaminarán las mentes de aquellos que las oigan. No permitáis que pensamientos de amargura continúen  llenando su mente y la vuestra. Id a vuestro hermano, y habladle del asunto con humildad y sinceridad” (OE 516).

 

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