Jueves 2 de marzo 2017 | Devoción Matutina para Menores 2017 | Peores que un terremoto


“Sí se enojan, no pequen; que el enojo no les dure todo el día” (Efe. 4:26).

El 16 de abril de 2016, a las 6:58 p.m, se produjo un terremoto en Ecuador, de 7,8 grados en la Escala de Richter. ¡Eso es un montón! Fue muy fuerte. Tanto, que murió mucha gente. Varias ciudades quedaron sin electricidad ni agua potable; derrumbó edificios enteros, incluida la torre de control del Aeropuerto Internacional Eloy Alfaro. Fue un desastre total. Y el lugar más afectado fue Pedernales. ¿Sabes por qué? Porque ahí estaba el epicentro del terremoto. Por eso, la localidad quedó prácticamente destruida. Qué triste.
Los terremotos nunca dejan de impresionarnos. ¿Sabes a qué se deben? A la acumulación de energía que se produce muy profundo en el interior de la tierra. Llega un momento en que la tierra debe liberar esa energía, y lo hace “explotando” de manera violenta. Y a pesar de toda la tecnología que existe hoy, no hay nada que podamos hacer para predecir ni para detener un terremoto. Lo único que podemos hacer es resguardarnos cuando ocurra. Pero no te preocupes, tal vez, no te toque vivir ninguno en toda tu vida.
Existe otro tipo de terremoto al que no prestamos importancia, pero que es también muy violento, y hace daño a los demás y a nosotros mismos. Estoy hablando del enojo. ¿Acaso nunca tienes explosiones de enojo? Estoy segura de que sí, porque yo tenía muchas a tu edad. ¿Cómo se produce una explosión de enojo? Cuando vamos acumulando energía negativa dentro de nosotros. Sucede alguna cosa que nos da rabia, y en lugar de olvidarla, perdonarlo o hablar de ello con la persona, dejamos que vaya generando “calor” y malos sentimientos dentro de nosotros. A veces, es algo tan simple como que mamá nos quita el videojuego para que hagamos las tareas. En ocasiones, vamos acumulando enojos por una situación realmente difícil que esté pasando, porque nos han molestado, porque nos han hecho una injusticia… Hasta que un día explotamos y… ¡¡sálvese quien pueda!!
A diferencia de los terremotos, sí podemos controlar el enojo. ¿Cómo? Hablando del tema en cuestión, pensando pronto en soluciones, no prestando atención a las ofensas, no entrometiéndonos en problemas ajenos… Y, sobre todo, ¡orando! Pide a Jesús que, cuando te enojes, te ayude a controlarte, antes de que explotes como un terremoto dañino.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2017
¡SALTA!
Patricia Navarro
Lecturas Devocionales para niños 2017
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