¿Cómo podrá el joven llevar una vida limpia? ¡Viviendo de acuerdo con tu palabra! Salmo 119: 9

 ¿Puede alguien en su sano juicio decir que para un joven es bueno consumir drogas ilícitas? Uno esperaría que la respuesta fuera un no rotundo. Pero hay quienes alegan que en esta vida nada es bueno o malo en sí mismo; que «la verdad» no está fuera sino dentro de cada ser humano.

Según esta posición, no hay nada malo en el hecho de consumir drogas si el joven que la consume así lo cree. Porque la autoridad final para juzgar un acto como correcto o incorrecto es el mismo joven.

¿Dice algo la Palabra de Dios en este sentido? Sí, dice que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo (ver 1 Cor. 3:16). Por lo tanto, es malo todo lo que lo contamine, lo enferme o lo inhabilite para cumplir con sus funciones normales. Y por ser Dios quien lo dice, entonces estamos hablando aquí de principios, de verdades absolutas; es decir, de verdades válidas para todo ser humano en todo tiempo y en todo lugar.

Algo más, los principios de la Palabra de Dios son categóricos. Esto quiere decir, por ejemplo, que es bueno cuidar de nuestro cuerpo, y no puede ser otra cosa. Honrar a los padres es bueno y no puede ser otra cosa. En otras palabras, lo bueno no puede ser malo (y viceversa). Este es el principio de la antítesis: si algo es bueno, no puede ser malo.

Ahora bien, el principio de la antítesis establece que lo bueno no puede ser malo. Pero tiene una limitación: no define qué es bueno, ni qué es malo. ¿Dónde encontramos, sin temor a equivocarnos, esa distinción? Solamente en la Palabra de Dios. Cuando Dios dice que algo es bueno (o malo) puedes estar seguro de que lo es. En ese caso, estamos hablando de principios. Cuando es el ser humano que lo dice, estamos hablando de opiniones.

Hoy Dios está buscando jóvenes capaces de distinguir el bien del mal. Jóvenes con el valor necesario para hacer lo que saben que es correcto, gústele o no a quienes los rodean. Jóvenes que a la hora de decidir qué conducta seguir no pregunten: «¿Qué dice la gente?»; sino, más bien: ¿Qué dice Dios?».

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