Dejad a los niños venir a mi y no se lo impidáis porque de los tales es el reino de los cielos. (Mateo 19:14)

 Cuanta alegría, energía y adrenalina derrochan constantemente los niños. Definitivamente nos tienen en actividad incesante a los adultos. Cuando vivíamos en Ciudad de México siempre me sorprendía ver que, en cuanto se iniciaban las vacaciones escolares, la ciudad cambiaba radicalmente. No cabe duda de que los niños son una parte importantísima de nuestras vidas y de nuestro mundo.

¿Cuánta atención les prestamos a nuestros hijos? ¿Cuánto cuidado tenemos de ellos? Esas son preguntas un poco difíciles de responder. ¿Acaso estamos dispuestas, como madres, a aprender de nuestros hijos? Hace poco me contaba una madre muy preocupada que su pequeño de once años le había preguntado: «¿Por qué los adultos hacen cosas que lastiman a los niños?».

Jesús nos pidió que no impidiéramos a los niños acudir a él. ¿Cómo podríamos impedirle a un niño que se acerque a Jesús? Una forma de impedírselo es dejar de llevarlo a la iglesia o dejar de estudiar la Biblia con él. En realidad existen muchas variantes de este mal proceder, entre ellas el maltrato físico y el psicológico. Otro impedimento podría ser el ejemplo negativo de los padres. Debido a que los primeros años de vida constituyen una base para el desarrollo del niño, es de vital importancia que nos preocupemos a diario por su formación, sus modales y sus valores.

Siempre me han impresionado las palabras de Jesús: «Si no fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos». Medito en las características de un niño reconociendo que son esenciales para el crecimiento espiritual. Una de ellas es la confianza plena en sus padres, ya que un niño no se preocupará por lo que ha de comer mañana, pues sabe que sus padres se encargarán de eso.

Nuestros hijos, en caso de que los tengamos, representan una gran bendición. Ojalá que Dios te colme de sabiduría para conducir hoy a tus niños a los pies del Señor Jesús. Y no solo eso, sino que te conceda a ti misma un carácter que pueda asemejarse al de un niño, de modo que disfrutes del reino de los cielos.

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