mujerMas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe.  (Gálatas 5:22)
Creo que el ser humano hace muchas cosas buscando su felicidad, pero estas no le proporcionan un gozo duradero y real. Entre esas cosas se encuentran las que intentamos para satisfacer los deseos de la carne. Pero el placer carnal es momentáneo y egoísta, no considera a los demás sino solo a uno mismo, y no genera frutos positivos y mucho menos duraderos. Algunas de estas prácticas conducen a vicios que minan la salud física, emocional y espiritual.
Por ejemplo, cuando alguien recurre a las bebidas alcohólicas, experimenta un gozo falso, porque el mismo es pasajero y poco saludable. Por otro lado, quien persigue el gozo genuino acude a Dios en busca de un gozo verdadero y duradero.
Jesús nos mostró cómo vivir gozosos a pesar de las dificultades y problemas que nos toque enfrentar aquí. Y ese gozo no se basa en intentar satisfacer los deseos ni alcanzar el placer temporal, sino en la búsqueda de la paz espiritual. Jesús pudo soportar cada prueba, cada tentación y cada maltrato que recibió con valor y con gozo, porque contemplaba la redención de la raza humana.
«Que el instrumento humano considere el hecho solemne de que el día del ajuste de cuentas está ante nosotros, y que diariamente estamos decidiendo cuál será nuestro destino eterno. El Maestro examina cada caso individual, y trata personalmente con los talentos que nos ha confiado. Qué solemne es el día del ajuste de cuentas. Ese día hará empalidecer muchos rostros. El interés futuro y eterno de cada alma depende de las decisiones que se realicen en aquel día. Tendremos gozo inefable o indecible calamidad y desgracia, los horrores de la desesperación. Cuánto le agradará a Jesús recompensar a cada fiel obrero. Cada deber lealmente realizado recibirá su bendición. Entonces pronunciará las palabras: “Bien hecho”» (A fin de conocerle, p. 325).
Debemos mantener nuestra mirada fija en Jesús y compartir el gozo que nos espera en un futuro no muy lejano, cuando Dios restaure todas las cosas a su estado original. Entonces nuestro gozo, al igual que el de Jesús, estará cumplido y lo experimentaremos a plenitud, aunque ahora lo veamos únicamente con los ojos de la fe.

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