Jueves 29 de noviembre:

Esperando la Segunda Venida

 

Solo se obtiene la salvación aplicando continuamente al corazón la sangre purificadora de Cristo. Por lo tanto la Cena del Señor no debe observarse solo ocasionalmente una vez al año, sino con mayor frecuencia que la pascua anual. Este solemne rito conmemora un evento mucho mayor que el de la liberación de los israelitas de Egipto.

 

El rito de la comunión señala la segunda venida de Cristo. Estaba destinado a mantener esta esperanza vívida en la mente de los discípulos… En su tribulación, hallaban consuelo en la esperanza del regreso de su Señor. Les era indeciblemente precioso el pensamiento: “Todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que venga”.

 

Cristo instituyó este rito para que hablase a nuestro sentidos del amor de Dios que se ha expresado en nuestro favor… Y nada menos que la muerte de Cristo podía hacer eficaz para nosotros este amor… Su sacrificio es el centro de nuestra esperanza (La fe por la cual vivo, p. 304).

 

Estas son las cosas que nunca hemos de olvidar. El amor de Jesús, con su poder constrictivo, ha de mantenerse fresco en nuestra memoria. Cristo instituyó este rito para que hablase a nuestros sentidos del amor de Dios expresado en nuestro favor. No puede haber unión entre nuestras almas y Dios excepto por Cristo. La unión y el amor entre hermanos deben ser cimentados y hechos eternos por el amor de Jesús. Y nada menos que la muerte de Cristo podía hacer eficaz para nosotros este amor. Es únicamente por causa de su muerte por lo que nosotros podemos considerar con gozo su  segunda venida. Su sacrificio es el centro de nuestra esperanza. En él debemos fijar nuestra fe (El Deseado de todas las gentes, pp. 614, 615).

 

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