folleto segundoJueves 30 de mayo

LA RESPUESTA DE DIOS A LA INJUSTICIA

Lee Nahúm 1 al 3. ¿Qué versículos especialmente nos enseñan acerca del carácter de Dios? ¿Cómo podemos aplicar esto a nuestra comprensión de los eventos de los últimos días?

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La profecía de Nahúm es la Palabra de Dios contra el reino de este mundo como lo representaba Nínive. Mientras el profeta observaba este mundo, veía a Dios moviéndose contra el Imperio Asirio. Anunció que su capital, Nínive, pronto caería, para no levantarse más. Nahúm habló con gran confianza porque conocía a Dios y, por medio del don de profecía (Nahúm 1:1), Dios le había mostrado lo que sucedería. Dios no dejaría sin castigo al culpable (Nahúm 1:3; Éxodo 34:6, 7).

Los asirios habían saqueado muchas naciones y tenían una insaciable sed de poder. Su crueldad era conocida. Como la “navaja” de Dios (Isa. 7:20), con ansias habían trasquilado a sus vecinos. Ahora era el tiempo en que la navaja debía quebrarse. Los instrumentos de los juicios de Dios no están exentos de juicio. Nínive ya no existe, pero el testimonio profético sigue viviendo. Nos recuerda que, aunque la justicia de Dios parezca lenta, al fin nada la detendrá.

Como ya vimos, años antes del tiempo de Nahúm, los ninivitas que oyeron la predicación de Jonás se habían arrepentido, y Dios perdonó su ciudad. Pero, el arrepentimiento no duró; el pueblo volvió a sus viejos caminos. Muchos países que habían sufrido bajo su yugo opresor habrían de recibir la noticia de la caída de Nínive con estruendoso aplauso. Un mensajero vendrá para traer la noticia (Isaías 52:7) de que el poder de Asiria está quebrado, junto con sus dioses. El pueblo de Dios podrá otra vez adorar en paz (Nahúm 1:15).

Aunque la ira de Dios es grande, más tierna es su misericordia. Él protege a los que esperan en su bondad. Nahúm enseña que Dios cuida a quienes confían en él, pero que perseguirá a sus enemigos con oscuridad (Nahúm 1:8). Dios había decidido que el día del juicio de Nínive había llegado.

El profeta muestra que Dios tiene gran poder. Toda la creación tiembla ante él. Él no tolera el pecado para siempre, pero es un Salvador para todos los que confían en él. No hay terreno neutral. Estamos de un lado o del otro. “El que no es conmigo, contra mí es”, dijo Jesús (Mateo 12:30).

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