NOTAS DE ELENA 2013Jueves 31 de enero:

Moralidad y responsabilidad

Las buenas obras son el fruto que Cristo quiere que llevemos; las palabras bondadosas, los hechos de benevolencia, de tierna consideración para con el pobre, el necesitado, el afligido. Cuando los corazones simpatizan con otros corazones agobiados por el desánimo y el pesar, cuando la mano se extiende para ayudar al necesitado, cuando se viste a los desnudos, y el forastero recibe la bienvenida a vuestra casa y a vuestro corazón, los ángeles llegan muy cerca, y se¬mejante acción halla respuesta en el cielo. Todo acto de justicia, mi¬sericordia y benevolencia, produce melodía en el cielo. El Padre des¬de su trono contempla a los que realizan estos actos de misericordia, y los cuenta entre sus más preciados tesoros, “Y serán para mí espe¬cial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día que yo tengo de hacer”. Todo acto de misericordia hacia los necesitados, los que su¬fren, es considerado como hecho a Jesús. Cuando socorréis al pobre, simpatizáis con el afligido y el oprimido, y amparáis al huérfano, os colocáis en una relación más estrecha con Jesús (Servicio cristiano, p. 234).

Convertirse en un obrero tenaz, continuar pacientemente en el bien hacer que demanda la obra desinteresada, es una tarea gloriosa, sobre la cual sonríe el cielo. La obra fiel es más aceptable a Dios que el culto más celoso y que se considera el más santo. El verdadero cul¬to es trabajar juntamente con Cristo. Las oraciones, la exhortación y el discurso son frutos baratos que con frecuencia están juntos; pero los frutos que se manifiestan en buenas obras, cuidando a los necesi¬tados, los huérfanos y las viudas, son frutos genuinos y crecen natu-ralmente en un buen árbol {El ministerio de la bondad, p. 42).

En la obra de limpiar y purificar nuestras propias vidas, nuestro profundo deseo de asegurar nuestra elección y vocación nos inspirará con un sentimiento de ternura hacia los necesitados. La misma energía y cuidadosa atención que una vez manifestamos por los asuntos mundana- les la pondremos al servicio de Aquel a quien debemos todo. Haremos como Cristo hizo, aprovechando toda oportunidad para trabajar por los que sin nuestra ayuda se perderán en su ignorancia. Extenderemos a otros una mano ayudadora. Entonces, con cánticos, alabanzas y acción de gracias nos regocijaremos con Dios y los ángeles del cielo cuando veamos a personas enfermas por el pecado que son levantadas y ayudadas; al ver a los engañados y desorientados sentarse a los pies de Jesús para aprender de él. Al hacer esta obra, recibiendo de Dios y devolviéndole aquello que, confiando en nosotros, nos prestó para usarlo para gloria de su nombre, entonces su bendición descansará sobre nosotros. Que el pobre, el desanimado y los enfermos por el pecado sepan que en guardar los mandamientos de Dios “hay gran remuneración”. Con nuestra propia experiencia mostraremos a otros que la bendición y el servicio van juntos (Testimonios para la iglesia, tomo 6, p. 306).

Dios ha puesto su confianza en nosotros al hacemos mayordomos de sus medios y de su rica gracia. Y la forma de mostrar nuestro aprecio por su cuidado, amor y misericordia sin paralelo, es devol¬verle nuestros talentos, usando nuestros medios y habilidades con fidelidad e integridad. Con eso no podemos enriquecerlo a él, puesto que es el dador de todas nuestras bendiciones, pero él nos señala a los pobres, sufrientes y oprimidos, y a las almas esclavizadas por las cadenas del error y la superstición, y nos asegura que el bien que les hagamos a ellos, lo aceptará como hecho a sí mismo. Cristo se identi¬fica con la humanidad sufriente: “En cuanto lo hicisteis a uno de es¬tos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo 25:40) (Review andHerald, 31 de octubre, 1878).

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